divendres, 27 de maig de 2011

Entrevista con Rosa Sala Rose, autora de 'La penúltima frontera'

En ocasiones, indagar en las vidas anónimas es la mejor manera de saber qué ocurrió en algún momento de nuestra Historia. En esta ocasión, la escritora germanista Rosa Sala Rose se ha adentrado en la aventura de aquellas personas que decidieron cruzar los Pirineos en dirección sur, huyendo de las persecuciones nazis en una Francia ocupada, para conseguir la libertad en el exilio, aun sabiendo que el camino no era fácil. La penúltima frontera (Editorial Papel de Liar) muestra un exilio diferente al que estamos acostumbrados a leer: no los que se marchaban de España, sino los que creían que aquí tenían su salvación.


"Los que huían del nazismo daban sus divisas a la policía española pensando que aquí estarían a salvo, pero iban directamente a prisión"

Xavier Borrell. Barcelona

¿Cómo dio con estas historias de exilio?

Básicamente surgen todas de la sección “expedientes de frontera” del archivo del gobierno civil de Gerona (AHC), uno de los pocos fondos de un gobernador civil de provincia que se han conservado íntegros. Después fui completando esta información mediante la consulta a otros archivos y, siempre que me ha sido posible, mediante el contacto con los familiares de los 23 casos investigados.

¿Jugaba la dictadura franquista un doble juego de neutralidad y posicionamiento con el Eje?

Sin lugar a dudas. Sobre todo a partir de la ocupación aliada del Norte de África en noviembre de 1942 la política exterior española se vuelve cada vez más aliadófila, aunque muchos de los dirigentes franquistas seguían sintiéndose leales a Alemania. Esto creó un complejo juego de equilibrios.

¿Hubo muchas personas que cruzaron la frontera pensando que aquí lograrían la libertad sin miedo a ser perseguidos?

No sé si muchas, pero desde luego las hubo. En mi libro aparecen algunos de estos casos, como el del matrimonio judío Furtwängler. A pesar de haber combatido activamente contra el fascismo, los dos se creyeron absolutamente a salvo en la neutral España: Nada más cruzar la frontera pirenaica se presentaron a los carabineros españoles “con espontaneidad y alegría”, entregándole voluntariamente toda su documentación y divisas. Lo pagarían con más de tres meses de prisión, a pesar de que la señora Furtwängler estaba gravemente enferma de leucemia. Esto sucedió en septiembre de 1940. Generalmente los fugitivos que llegaron a España después de estas fechas fueron más precavidos.

¿De qué se acusaba a los que simpatizaban con los aliados, si España supuestamente era neutral?

El delito oficial era “cruce clandestino de frontera”, es decir, la entrada ilegal en España sin contar con los papeles necesarios. Eran los “sin papeles” de entonces, aunque hay que tener en cuenta que para un judío, un antifascista o un desertor era imposible obtener los visados necesarios por la vía legal y que lo que estaba en juego era su vida. Sin embargo, en mi libro aparece al menos un caso, el de Jenny Kehr, en que el gobernador civil de Lleida también decreta su entrega en Portbou a los alemanes por el delito de “ser judía”.

¿Hubo extradición de judíos en España?

No era la práctica oficial ni tampoco la más común, pero, como he dicho en la respuesta anterior, he podido documentar al menos un caso, ordenado por un funcionario español en pleno ejercicio de sus funciones. El historiador Josep Calvet conoce varios casos más que derivaron en la muerte de los extraditados en Auschwitz.

¿Presionaban los nazis a Franco para que detuviera a judíos y los deportara?

Sí, especialmente cuando estos judíos habían participado en actividades antifascistas. Existía una gran cooperación entre la policía española y la Gestapo.

¿Hizo la Iglesia algo por ayudar a los judíos presos?

No tengo constancia de ello, a excepción de la acogida en seminarios españoles de algunos sacerdotes o seminaristas polacos que de este modo pudieron evitar la prisión o los campos de concentración. Las organizaciones de ayuda eran extranjeras casi en su totalidad: embajadas aliadas, las diversas delegaciones extranjeras de la Cruz Roja, los cuáqueros, organizaciones de ayuda a los judíos como la JOINT…

¿Es cierto que aun hay una parte del archivo militar español que no se puede consultar?

Así es: gran parte de los documentos calificados como “secretos” por las autoridades franquistas y que se conservan en el Archivo General Militar de Ávila siguen sin poder consultarse. La negación de acceso se justifica mediante una Ley de Secretos Oficiales promulgada por la dictadura en 1968 y que inexplicablemente sigue vigente.

¿Qué opina del dicho que detrás de todo rico de los Pirineos hay alguien que de una u otra manera se ha dedicado al contrabando tanto de personas como de mercancía?

Es una exageración que, sin embargo, contiene un grano de verdad.

¿Quedan muchas historias ocultas por descubrir?

Probablemente miles de ellas. Los archivos españoles y europeos todavía albergan muchos secretos que esperan su descubridor.

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