divendres, 29 d’abril de 2011

'La vida cotidiana', Daniel Gascón

La vida cotidiana
Daniel Gascón
Ediciones Alfabia
1ª edición, enero de 2011
2ª edición, febrero de 2011
Género: Relatos
173 páginas
ISBN: 9788493794361

Imagínense que un día suben a un autobús en dirección a alguna ciudad a tres o cuatro horas de distancia de la suya por carretera y al lado se sienta un tipo de unos 30 años que le empieza a contar fragmentos de su vida. Ustedes no lo conocen, pero él le relata cómo su amigo Alberto se suicidió arrojándose por una ventana, cómo una novia suya (o más bien ex novia) está cada vez más desquiciada y lo único que él quiere es recuperar su banco de abdominales o incluso cómo su relación se tambalea tras acompañar a su pareja al dentista.

A los que nos aburren las historias cotidianas de los desconocidos donde en realidad no pasa nada extraordinario (y que muchas de ellas son sobre amoríos o relaciones de pareja que a mí personalmente me dan pereza), ese viaje en autobús se nos haría eterno y solo pensaríamos en llegar a nuestro destino lo antes posible. En cambio, si son ustedes de los que disfrutan con un rato de charla desenfadada, aquí tienen unas cuantos motivos para escuchar (en realidad leer) a un autor que convierte en literatura aspectos normales de la vida diaria (tan normales que, aun siendo algunos ficticios, es fácil que el lector se sienta identificado).

Desde el punto de vista formal, no hay nada reprochable en este libro. Se presenta como lo que es y no hay artificios que despisten al lector. La divergencia viene cuando uno se pregunta si realmente esas historias van a interesar a todos los lectores o alguno se quedará igual al leer una carta del autor a un amigo muerto o sus aventuras con sus novias, a las que ni conocemos ni probablemente querríamos conocer si en vez de personajes las tuviésemos presentes. Gascón tiene buena mano para escribir, pero no siempre es suficiente con saber contar historias, a veces es necesario que esas historias contengan algo relevante que activen la necesidad de escribirlas y de leerlas. No me he sentido seducido por estos fragmentos de cotidianidad, más bien me han resultado demasiado insustanciales, como si juntos crearan un diario personal de alguien que quiere hacer relevante lo que sencillamente es anodino.

Manel Haro


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A F I N I D A D E S

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