diumenge, 13 de març de 2011

'La fosa de Lorca: Crónica de un despropósito', Ian Gibson

La fosa de Lorca: Crónica de un despropósito
Ian Gibson
Editorial Formación Alcalá
1ª edición, 2010
Género: No ficción / Historia
227 páginas
ISBN: 9788415009078

El culebrón de la apertura de la fosa de Federico García Lorca en el barranco situado entre Víznar y Alfacar es digno de una película de Luis García Berlanga, dado el nivel de patetismo que ha envuelto al granadino ya desde el momento en que un general fascista decidió detenerlo. El desagravio hacia su figura continúa con el fracasado intento de encontrarlo en la sepultura donde se supone que yace (junto con dos cuerpos más).

En este libro el hispanista Ian Gibson da su opinión sobre el penúltimo episodio de la biografía de Federico (teniendo en cuenta que el último será el del día que sepamos donde están sus restos realmente) en el que expone algunas aclaraciones sobre qué le llevó a decir en su día que sabía el lugar donde enterraron al poeta (junto a un olivo donde nunca se excavó). Lo mejor de este texto es leer el cúmulo de despropósitos que ha habido desde el día que murió García Lorca, en 1936, hasta la chapuza de su intento de exhumación, y para muestra, lo que sigue: En los años 50, un norteamericano, Agustín Penón, llevó a cabo una investigación para averiguar quién fue el culpable directo de la muerte de Lorca, lo halló y lo entrevistó, hasta que dicho ejecutor no aguantó la presión, huyó a Estados Unidos y allí falleció. Penón fue el primero que hizo una hipótesis sobre la localización de la fosa común, pero no eran años de andar con esas indagaciones en España y decidió marcharse sin conseguir jamás publicar su libro. Por otro lado, la junta de Andalucía, ya en democracia, compró unos terrenos para conservar intacta la parcela donde se hallaba enterrado el poeta, sin embargo no adquirieron el lugar más probable de su ubicación, un paraje que ahora es un olivar. Para echar más leña al fuego, se ha sabido que al hacer un parque en los años 80 en memoria del poeta allí mismo, se encontraron unos huesos que fueron cambiados de lugar de cualquier manera, sin preocuparse de identificarlos.

Gibson se defiende con este libro de las acusaciones vertidas hacia él por los detractores de la exhumación y aprovecha para acusar a la familia del poeta (quienes merecen un tema aparte) de poca colaboración. La verdad es que el irlandés ha sufrido duros ataques sin venir mucho a cuento, así que es sano que se defienda. Este es un libro adecuado para recapitular lo ocurrido en torno a la apertura de la fosa, pero hay que reconocer que más allá de cuatro anécdotas curiosas, Gibson no aporta nada nuevo y el libro puede hacerse bastante aburrido para muchos lectores.

Xavier Borrell


1 comentari:

victor del arbol ha dit...

Hay algo caínita en la genética patria, algo que nos incita a preservar las sinrazones de nuestra historia común. El caso de Lorca es paradigmático; recordemos, por poner sólo un ejemplo, que hay un juez acusado de prevaricación por tratar de abrir las fosas de la memoria. Nos asusta el Pasado, nos atemoriza el polvo que pueden levantar los huesos de un mito muerto. Tiene que ser, una vez más, Gibson, un inglés, quien decida ahondar en las grietas de la memoria. Desde su libro sobre los versos del Amor Oscuro -Caballo Azul -, Ian se granjeó las antipatías de la familia Lorca y de no pocos bien pensantes -incluidos los librepensadores de izquierdas -por su trasnochado intento de eludir entrar en la condición sexual del poeta. Desgranar el sentido de sus versos en clave "uraniana" puede parecer muy o poco interesante, a gustos, pero desde luego no es motivo para descalificar al investigador más comprometido con la vida del poeta. Me entusiasmó su estudio y me sorprendieron las feroces críticas. Con el tema de Viznar ocurre otro tanto. Sólo él, y unos pocos ilusos, han tratado con objetiva intención localizar los restos de Lorca y desgranar una cronología exacta de lo que ocurrió en aquellos días de Agosto.
Y por ello es criticado y vilipendiado. Más allá de las razones de Gibson -algunas podrían ponerse en cuestión -lo que censuramos es que no deje "en paz" la memoria. Parece que en este país seguimos sintiéndonos más cómodos con los fantasmas que con las certezas.
Gracias por la reseña, iré a comprar el libro y lo leeré con sumo interés.