dilluns, 21 de març de 2011

Entrevista con Dan Fante, autor de 'Chump Change'

A pesar del aspecto de tipo duro que muestra Dan Fante, en realidad es tan accesible que hasta parece que quiera quitarle méritos a lo que ha escrito. Champ Chunge (Sajalín Editores) es un retrato imprescindible sobre la figura de John Fante, su padre y escritor también, autor de La hermandad de la uva o Pregúntale al polvo, pero sobre todo es una profunda reflexión de un hijo que quiere recordarle a su padre que, a pesar de haber vivido su egoísmo y autocomplacencia, nunca dejó de quererle. Dan Fante escribe así, de forma brillante, un homenaje a John, quien no consiguió en vida el reconocimiento que buscaba.


"Una vez escrito este libro, doy por saldados los conflictos que tenía con mi padre, John Fante"


Manel Haro. Barcelona (Texto y foto ©)

Alcohol, sexo con prostitutas, peleas, ataques de ira, robos... ¿De verdad lo que cuenta es autobiográfico?

En gran medida sí lo es, yo tenía muchos problemas con el alcohol y era agresivo. Pero he cogido diez años de mi vida y los he condensado en dos semanas, que es lo que sale en la novela. Los personajes existieron. Por ejemplo, conocí a la prostituta cuando ella tenía catorce años y entonces ya ejercía como tal. El perro que aparece y que acompaña al protagonista durante buena parte de la novela también es real. Era el perro de mi padre al que él quería muchísimo y en el libro lo he puesto también para establecer un contrapunto entre la relación que tenía él con el animal, yo con el perro y luego yo con mi padre.

¿Realmente su relación con su padre, John Fante, era tan distante como muestra en la novela?

Sí, pero la novela es un homenaje a él. Yo le quería y él lo sabía, solo que él era una persona demasiado austera.

Pero hace un duro retrato de él y, de hecho, su padre hacía exactamente lo mismo del suyo en sus libros. ¿No le hace pensar algo sobre las figuras paternas en su familia?

Mi padre idealizaba a su padre y lo hacía más romántico de lo que era, cuando mi abuelo en realidad era un tipo demasiado difícil, ¡era un mierda! Ellos eran típicamente italianos, también típicamente latinos, muy egoístas, vivían para sus propias satisfacciones y hacían lo que querían sin considerar a otras personas. Iban mucho de patriarcas que pensaban demasiado en sí mismos.

¿Y no teme que su hijo siga la tradición y algún día escriba sobre usted?

No, mi relación son mi hijo es muy diferente de la que tenía yo con mi padre. Mi hijo disfruta conmigo porque también es una generación distinta y una época diferente. Mi mujer, por ejemplo, es muy cercana a mi hijo, igual que yo. Ella es una madre maravillosa y nos lo pasamos en grande juntos. Si algún día mi hijo escribe, no tengo nada que temer.

¿Siente que, una vez ha escrito la novela, conoce mejor a su padre?

Escribir me ha hecho sentir más cercano a él. Antes de meterme en el libro, tenía muchos conflictos con él y tras acabarlo, sentí que hicimos las paces. Ha sido una experiencia terapéutica, una especie de catarsis que me ha ayudado a sentir compasión por él.

¿Siente que le quedó algo por decirle?

Él sabe que lo quiero. Cuando escribía, mi padre estaba detrás de mí indicándome cómo debía escribir, ¡haz esto, no hagas lo otro! Por lo tanto, él ha estado muy presente en el proceso de escritura y, de algún modo, sabe lo que siento. De hecho, empecé a escribir Chump Change con su máquina de escribir y con su papel amarillento.

Parece que su padre le instruyó mucho para que fuera usted escritor. ¿Es verdad que incluso le dijo que mejor leyera sus novelas antes que las de Hemingway?

¡Absolutamente! Luego a mí me ocurrió algo que he plasmado en la novela: en una librería de segunda mano me encontré un libro de mi padre junto a los de Hemingway y Scott Fitzgerald y le dije al librero que no podía leer a esos dos y no conocer la obra de John Fante aunque él se mostró muy reticente a creerme.

John Fante se sentía desaprovechado por su trabajo como guionista de cine y lamentaba el poco reconocimiento que recibían sus novelas. ¿Qué cree que pensaría ahora si supiera que es un novelista muy respetado dentro y fuera de su país?

Se sentiría muy complacido. Cuando él estaba vivo no era famoso, a pesar de que sabía que era buen escritor. No tuvo suerte con lo que publicaba y ahora estaría muy contento de saber el reconocimiento que tiene. Y yo también estoy muy agradecido por ello.

Usted escribe sobre lo que vivió. ¿Recomienda empezar en la literatura escribiendo obras que hablen de uno mismo?

Sí, aunque es muy difícil para mucha gente escribir sobre su vida. Es un desafío ser honesto con lo que uno siente, especialmente para los que empiezan. Es una forma de conocerse a uno mismo y de entender determinadas circunstancias vividas. Además te humaniza, te hace ser más compasivo con los demás. Es como una especie de exorcismo.

¿En sus otras novelas recupera la figura de su padre?

No como en Chump Change. Yo escribí este libro porque vi que mi padre se hacía famoso en América cuando ya había muerto y que había lectores interesados en sus novelas. Tuve la necesidad entonces de expresarle lo que sentía. Chump Change es una carta de amor para decirle cuánto le quería.

¿Y no le ha quedado nada pendiente?

No, ahora ya estoy mucho más tranquilo.


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