divendres, 4 de març de 2011

Ana Cabrera Vivanco, el lejano llanto de un destierro

Así llegaron a España Las horas del alma y Las cien voces del diablo

La autora, en Tarragona / Marta Martínez Carro ©

"En Cuba, escribía con mercromina y con papel de la fábrica de
cigarros Popular. Luego lo pasaba a máquina empapando la cinta con betún"


Manel Haro. Tarragona

En una habitación de un hotel en Canarias, una escritora cubana, celebrada en su país pero desconocida en España, espera nerviosa a que sus compañeros de delegación regresen a La Habana. La noche anterior, ella les había convencido de que tenía familia en Barcelona esperando su llegada para celebrar la Navidad de 2002 juntos. A sus pies, una caja con ejemplares del libro que ha ido a presentar a las islas, una biografía de la poeta Dulce María Loynaz. Sus compañeros llaman a la puerta, se resisten a marcharse a La Habana sin los libros. Insisten en recuperar la caja para dejarla con su marido y su hija en Cuba, pero ella, impaciente, repite que prefiere llevarlos consigo hasta su regreso. Pero en Barcelona no la espera nadie y en La Habana su familia sabe que ya no volverá a poner un pie en la ciudad. Arranca la larga y cruda historia de un destierro.

En Cuba, presentando la biografía sobre Dulce María Loynaz

Ana Cabrera Vivanco es una de las voces exiliadas de la dictadura castrista. “Cuando uno se va de Cuba y no puede regresar, no se exilia, sino que es desterrado para siempre”, dice dando sorbos a una taza de café en un bar de Tarragona, ciudad donde ahora reside. Desde 1996 hasta 2002, esta escritora se despertaba por las noches en La Habana, cuando todos en su casa dormían. Sacaba una pluma estilográfica Parker y la llenaba de mercurio cromo, mercromina. No tenía tinta ni papel, ya que Cuba vivía el llamado Tiempo Especial en Periodo de Paz, “una excusa para justificar que en tiempos de paz estuviéramos pasando una situación económica como si viviéramos en guerra”.

Pero la necesidad de seguir escribiendo Las horas del alma, le hacía continuar: “en mi novela hablo de dos sagas familiares cubanas, a través de las cuales he querido reflejar cien años de la historia de Cuba, desde Batista hasta Castro”, explica, justo antes de demostrar que estaba segura de que conseguiría publicarla: “yo quería que mi novela se publicara, pero sabía que eso tendría que ser en España y cuando toda mi familia estuviese fuera de Cuba, pero algo me decía que lo conseguiría”.

Su vida en fotos y su primera novela / Marta Martínez Carro ©

En el tono de Ana no hay señal de euforia, sino de calma, es el discurso de una mujer que ha superado una pesadilla y ahora la explica con la tranquilidad de saberse a salvo. Sigue bebiendo café, reconoce que tiene insomnio, y sigue explicando: “En Cuba escribía con un cabo de vela porque sufríamos apagones de 12 ó 14 horas. Cerca de mi casa había una fábrica de cigarros Popular con el eslogan soy cubano, soy popular. Ahí había un papel, llamado de bagazo de caña, que estaba lleno de pelusilla. Era el único papel que podía conseguir y la mercormina era fácil de adquirir porque se vendía en las farmacias. Cuando tenía escrito el borrador, lo pasaba a máquina de escribir. Empapaba la cinta en betún para marcar las letras en la hoja. Luego las dejaba secar, mientras la pluma descansaba en agua con champú del pelo para limpiar la pelusilla”.

La presentación en Canarias de su primer libro fue la excusa perfecta para llevarse el original en la maleta. El equipaje era básicamente parte de su biblioteca personal, gastados tomos con las grandes obras de la literatura universal. Lo viejos abrigos y camisetas podían quedarse, pero no su biblioteca. Entre esos ejemplares, estaban escondidas las hojas mecanografiadas desordenadas y amputadas de las partes más comprometidas de una novela que apuntaba a la Cuba de Batista y Fidel Castro, Las horas del alma. También estaba el original de Las cien voces del diablo, la obra que acaba de ver en la luz en Grijalbo y que, por moverse en el completo terreno de la imaginación, no corría el riesgo de ser intervenida. Es la maleta de alguien que sabe que si consigue superar la frontera, ya no regresará jamás. “En mi casa de La Habana dejé los capítulos más peligrosos de Las horas del alma, pero me traje Las cien voces del diablo; no podía correr tanto riesgo ya que salía con visado de periodista y los registros eran exhaustivos; de hecho, en el aeropuerto me dijeron que llevaba exceso de equipaje y se quedaron con mi ropa”.

La autora en Tarragona / Marta Martínez Carro ©

Una vez alejada de sus compañeros de delegación, Ana logró alquilar un pequeño estudio en Tarragona. Sobrevivía gracias a la venta de los ejemplares que había traído en la caja de Canarias, una venta de súplica y bajo coste que contrastaba con el éxito que estaba teniendo en la capital cubana. “En Tarragona trabajé cuidando ancianos, haciendo de canguro y repartiendo libros de Círculo de Lectores”, dice mientras pasa las páginas de la revista de Círculo donde, paradójicamente, venden ahora sus novelas.

El contacto con Cuba sigue siendo por teléfono o por correo electrónico: “Las llamadas te las cortaban cuando querían porque allí todo está controlado y en cuanto al correo electrónico, allí no existe Yahoo o Hotmail, sino que unos pocos afortunados sólo pueden escribir con correos de empresas. Allí todo está muy controlado, las fotografías que mandaba, me las devolvía el servidor y el nombre de Ana Cabrera Vivanco estaba tan prohibido como decir que en La Habana algo no iba bien”. Ana traga saliva antes de explicar que muchos cubanos pagan altas cantidades de dinero por pedir a alguien con un correo corporativo que les deje mandar un mail.

En La Habana, Ana Cabrera recién nacida en brazos de su madre

En 2004, Judith, su hija de 24 años, le informa de que va a volar a Budapest para ver a un familiar. Ambas saben que ella tampoco regresará. Desde la capital de Hungría su hija le informa de que en su equipaje ha traído más libros de su biblioteca y los originales de betún y mercromina de Las horas del alma. A Ana se le acelera el corazón con el teléfono en la mano, siente que le tiemblan ligeramente las piernas. Explica que nunca ha querido pensar en lo que le hubiese ocurrido a su hija de haber sido descubierta.

La familia de la autora, en la que se inspiró para escribir Las horas del alma

Pasaron semanas hasta que Montse, una amiga catalana de Ana, fue a Budapest a buscar esos capítulos. Las horas el alma ya estaba completa, pero su familia más dispersa que nunca. “Lo más duro es la despedida en el aeropuerto de La Habana, porque te despides sin mirar a los ojos de quien dejas, porque sabes que quizá no los volverás a ver y si lloras, levantas sospechas. Caminas con la vista al frente, sintiendo que te alejas poco a poco de tu familia, pero no puedes volver la mirada, las lágrimas se te acumulan en los ojos pero no pueden salir”.

Toni, el marido de Ana, sufrió la despedida de su esposa y su hija, pero se alegró cuando se enteró de que por fin ambas estaban unidas en Tarragona. “En Cuba, Toni era Ingeniero y tenía una buena posición pero, dado su trabajo, para salir del país era necesario el permiso de un General, esos que están al lado de Raúl Castro, así que pidió prejubilarse para poder salir sin permisos”. Solamente cuando Toni llamó a Ana desde el aeropuerto de Madrid para decirle que ya estaba en España, Ana supo que su sueño empezaba a traspasar a la realidad.

Ana Cabrera, de pequeña en Navidad

Ana no sabe nada de lo que pasó en La Habana en su ausencia. Se informó casi por casualidad de que al salir su hija, hubo un registro en su casa de Cuba, pero tanto su marido como su hija mantienen un férreo voto de silencio sobre lo que vivieron mientras Ana luchaba en España. De vez en cuando alquien le dice “tú no sabes lo que pasó tu marido allá en La Habana”, y Ana suspira profundamente.

Desde Tarragona manda ejemplares de su novela escondida en los equipajes de algunos españoles para que sus amigos de Cuba la lean. Su nombre está prohibido en Cuba y ningún cubano se atreve a introducir su libro a La Habana. “A los españoles no les revisan, porque si ven que uno lleva Las horas del alma, siempre pueden alegar que es la novela que se están leyendo”. Pero en Cuba ya hay unos cuantos ejemplares, que han sido leídos y que ha provocado lágrimas en sus amigos, unas de alegría por saber que ella lo consiguió, otras de desesperación por saberse encerrados. Los lectores de Cuba ni siquiera pueden escribirle para agradecerle el detalle de sus envíos clandestinos. Como pueden, van dejando comentarios anónimos en blogs y webs de lectores dando las gracias, con la esperanza de que Ana los lea alguna vez. Y ellas lo lee y los llora.



LAS PORTADAS

9 comentaris:

Anònim ha dit...

Acabo de terminar de devorar Las Cien Voces del Diablo que me enviaron desde españa hasta Miami y me reafirmo en que Ana Cabrera Vivanco dejará una huella indeleble en la literatura cubana. Tanto sus horas del alma como las cien voces del diablo son un ejercicio magistral de una autora que es por demás mi preferida. Gracias por este reportaje, que como cubano también me ha llegado al alma. Leonel.

Anònim ha dit...

Gracias por dejar estos testimonios del destierro. lo leo y estoy llorando. Ana te mereces triunfar y todo el exito del mundo por escribir como escribes y ser tan valerosa mujer. Emely desde Madrid.

Anònim ha dit...

Tiemblo leyendo este relato desde la otra orilla del destierro como dice la autora. Concía sus horas del alma donde estamos todos los desterrados por el régimen castrista desde hace medio siglo, conocía la inmensidad de su talento literario pero desconocía totalmente sus vicisitudes para alcanzar ponerla en el lugar que le corresponde en la literatura cubana. Gracias a usted Manel haro por este testimonio que honra a todos los cubanos en la persona de nuestra Ana cabrera y a Manuel Alfredo por compartir el enlace y permitirme leerla. Otro cubano desde el destierro.

Anònim ha dit...

Ana Cabrera Vivanco,es esa escritora que nunca deja de sorprendernos.A pesar de la soledad interna que lleva consigo tras la perdida de su madre con tan solo 6 anitos de edad,fue capaz de forjarse un caracter inquebrantable para luchar por sus verdaderos ideales y poder volar con esa plena libertad y esas alas propias,de las que siempre habla.Creo su abuelo materno el Dr.Vivanco le fue dando ese temple de caracter y la fue inclinando hacia el mundo de las letras.Luego la vida con sus cosas de la Revolucion,la prepararon mas mientras mas la cercaban como periodista(al no poder expresar lo que queria realmente)Y por ultimo,la gran union que nace entre nuestra gran Poetiza Cubana Dulce Maria Loynaz,le dan el toque final para convertir a esta gran periodista,escritora y autora que hoy arraza con todos los lectores de la buena literatura.Nuestra Ana nunca dejara de sorprendernos,desde un ferrero caracter como el de su Dulce Maria,hasta la mujer serena,dulce,amable,autentica y carismatica,siempre sorprendente,esposa carinosa y comprensiva y mama fragil y mimosa como mujer al fin,excelente persona de convicciones no variables por fuerte que soplen los vientos o los huracanes(siempre sera la misma,)amiga de sus amigos por sobre todas las cosas,pues cuando quiere,quiere,con su corazon limpio y lleno de orgullo por la amistad.Esta es nuestra Ana.La de "El Misterio de la Sacerdotisa de Eros","La Voz del Silencio","Las Horas del Alma"(estas si fueron horas)y "Las Cien Voces del Diablo".En la Actualidad no hay otra escritora como Ana,con una prosa tan bien utilizada y cultivada como lo hace ella,donde pone su sangre como decia Dulce,pero nunca su odio,ni las rensillas que la hirieron.Por esta razon Ana Cabrera Vivanco,es y sera un Orgullo unico de los cubanos,porque nunca ha olvidado a nuestra Isla y porque cada nuevo exito sera de ella,pero siempre se lo dedicara a nuestra Bella Isla de Cuba.Para ti Ana eres y sera siempre el ORGULLO de todos los cubanos aunque por ahora tengamos que vivir en el Anonimato.Un saludo y un abrazo de todos los Cubanos.Felicidades y exitos nuevos.............

Luis Vea García ha dit...

Emocionante historia la de Ana y emocionante artículo el tuyo, Manel.

Xavier Borrell ha dit...

Excelente reportaje de una historia conmovedora. Enhorabuena a ambos.

José Antonio Castro ha dit...

Ana es una de esas personas que solo necesitan de una mirada para trasmitir toda una vida. Tengo el honor de sentirla como una de mis amigas del alma, además de colega y siempre maestra. Siento vuestro artículo como un merecido homenaje a “mi” Ana.
Excelente documento periodístico. Excelente trabajo. Gracias por tu honestidad y buen hacer Manel, es un placer leeros a todos.

Marta Farreras ha dit...

mi libro del dia 23 será este ultimo libro de ANA cABREA VIANCO ,Ana ya tengo ganas de leerelo

dovalpage ha dit...

Magnífica crónica de Manuel Haro, le hace honor al los libros y al a autora. Y esas fotografías me encantaron. ¡Muchos éxitos para nuestra Anita, que pone bien alto el nombre de Cuba! Incluir el comentario del lector cubano ha sido una idea brillante.