dilluns, 14 de febrer de 2011

Entrevista con Xavier Guix, autor de '¡Cuánto te quiero!'

Xavier Guix es licenciado en Psicología, especializado en Comunicación y Programación Neurolingüística. Además de su trabajo como terapeuta, también imparte cursos de formación y de crecimiento personal. Su último libro, ¡Cuánto te quiero!, publicado en Aguilar (en catalán T’estimo tant, Pòrtic) profundiza en los estilos afectivos, en nuestras dificultades a la hora de amar y en el miedo al compromiso.


“Es más fácil reconocerse en el abandono y en la pérdida que en las grandes felicidades”

Patricia Tena. Barcelona / Fotos: Manel Haro

En su libro dice que el amor, si no es excesivo, no es suficiente.

Es una frase que he robado a una amiga mía, cuando intenta describir lo que es el amor siempre dice “si no amas todo, no amas nada”. Lo cierto es que no puedes amar a medias. Pienso que si no es un amor que se entrega absolutamente, no vale la pena. El amor es aprender a dar y en ese gesto nunca hay suficiente.

¿Es lo mismo amar que querer?

No. Querer tiene un punto de posesión. Cuando dices “quiero esto” hay implícito un punto de deseo personal. Podríamos decir que incluso es un poco narcisista: quiero para mí. En cambio, amar es expansión. Amar y querer son dos movimientos diferentes, uno expande y el otro concentra.

Álex Rovira dice en el prólogo que “amar es un arte que supone un aprendizaje emocional”. ¿Cómo se puede aprender?

Hay que permitirse sentir. Vivir un amor siempre implica vivir ciertos obstáculos y dificultades. En la primera fase, la del enamoramiento, no hay problemas. Pero cuando pasa esa etapa, es cuando uno verdaderamente decide amar. Porque ya no sentimos eso con la misma intensidad, pero decidimos querer desde la elección, que es más importante. Y esa decisión voluntaria de amar debe ir superando diferentes obstáculos emocionales, ya que ahí aparecen nuestros condicionamientos: lo que hemos aprendido de nuestras relaciones anteriores, experiencias de amigos o familiares, cómo hemos resuelto el apego... Tenemos que hacer una gestión enorme de nuestros sentimientos para pasar de esos estados eufóricos de enamoramiento y deseo a un amor más decidido y más realista.

¿Qué papel tiene la literatura de autoayuda o de crecimiento personal en este proceso de aprendizaje?

Nos ayudan a tener una imagen cultural sobre cómo entendemos hoy día el amor. Nos sirven como un espejo, referencia o modelo. Pero un libro nunca te va a ayudar a amar, eso es un aprendizaje vivencial. Hoy día los libros de crecimiento personal han definido a un ser humano tan auto realizado que ha llegado a creer que no necesita nada, ni probablemente a nadie.

¿Cuál es el objetivo de su libro? ¿Para qué servirá al lector?

La lectura de ¡Cuánto te quiero! tiene dos funciones principales. La primera es que la gente tome responsabilidad sobre cómo ama. No es justo encontrarse con personas que nos hacen daño simplemente porque no saben amar de otra forma. Y la segunda es una intención liberadora. En mi consulta veo a muchas personas que sufren porque no entienden por qué la persona con la que están, les ama como les ama. Muchas se culpan y piensan que es problema suyo y de lo que no se dan cuenta es que la otra persona está atrapada en un sistema afectivo que les impide amar de forma diferente. Es muy liberador darse cuenta de que no es culpa nuestra, sino que cada uno tiene su configuración.

De hecho, hoy disponemos de todos los medios suficientes para lograr la felicidad y, sin embargo, seguimos sufriendo…

Tenemos los recursos porque están a nuestra disposición, pero el camino lo tiene que andar cada uno. Y en ése momento aparecen nuestros condicionamientos, nuestros dolores, nuestros miedos… Ahí es donde cada uno debe hacerse responsable de sí mismo y alcanzar la libertad deseada, superando esos pequeños retos personales que todos tenemos.

Establece cuatro arquetipos afectivos contemporáneos basados en la autoestima y en la confianza.

Sí, simplificándolo mucho podrían resumirse del siguiente modo: El Seguro, yo confío en mí y también en ti; el Preocupado, yo no confío en mí, pero confío en ti; el Temeroso, yo no confío en mí ni confío en ti y el Huidizo, yo confío en mí pero no confío en ti.

¿Cuál es el perfil que predomina hoy?

El huidizo. Hoy día estamos muy afectados culturalmente por el mito de la autosuficiencia. Le damos un valor demasiado elevado, ya que esto provoca que haya gente que tenga dificultades para relacionarse en pareja. Ser autosuficiente está bien, pero eso no debe significar oponerse a que otra persona sea importante en mi vida y en mi persona.

¿Cómo nos enamoramos hoy en día?

Creo que cada vez es más fácil enamorarse del mismo modo que lo es desenamorarse. ¿Por qué? Porque hay mucha frivolidad. La tendencia de la autosuficiencia se basa en el sentido individualista y en el de la inmediatez. Nuestras relaciones y nuestros enamoramientos son iguales: inmediatos. Actualmente parece facilísimo enamorarse, prácticamente se toma como un mercadeo. Nos dejamos arrastrar por inmediateces simplemente porque alguien nos seduce un poco. Eso es algo muy peligroso: si la base es tan poco sólida, una vez se ha consumido esa inmediatez, no queda nada detrás. Por eso construimos enamoramientos y relaciones de usar y tirar.


¿Por qué en el arte siempre vende más el sentimiento de desamor y el sufrimiento por lo perdido?

Porque el desamor implica conflicto. Si no hay conflicto, no tenemos película, ni libro, ni nada. Retratar una familia donde todos son felices, prácticamente da asco. (Risas) No porque sean felices, sino porque no hay historia. El conflicto se basa en el quiero y no puedo, en superar unos obstáculos, en cuando alguien te impide amar de la forma que tú quieres… Todo esto alimenta la literatura y el cine, pero el problema es que mucha gente acaba creyendo que eso es un verdadero amor. Y que se ama cuando no se tiene o que se ama cuando se ha perdido. Es una confusión terrible que está muy arraigada en la sociedad. Por otra parte, es cierto que el desamor nos refleja a todos. Es más fácil reconocerse en el abandono y en la pérdida que en las grandes felicidades, porque no todos la han sentido.

Es duro pensarlo…

Pero no siempre debe ser triste. De hecho, una película que me gusta mucho es Un día cualquiera, con George Clooney y Michelle Pfeiffer. Es una historia muy realista basada en dificultades continuas. Pero el mensaje de la película es maravilloso: sólo hay una forma de superar todo esto y es queriéndonos. Esa es la fuerza que tiene el amor, puede superar esas dificultades.

Entonces no hay que soñar con un amor de cine, como se suele decir…

El amor no es lo que se ve en las películas y si creemos que sí, nos vamos a pasar la vida amando equivocadamente. Hay que amar con plenitud y felicidad, no desde la carencia. Los amores que son así, son un juego inacabable. Venimos de una cultura que ha exaltado los valores del romanticismo y hoy debemos movernos hacia un amor más realista. Aunque, obviamente, seguimos picando.

¿El agobio, el aburrimiento o la necesidad de nuevos estímulos implica que hemos dejado de amar?

¡Qué va! Hay que tener en cuenta que aunque se tenga pareja, uno sigue siendo uno mismo. Las relaciones son un encuentro de soledades; a pesar de estar pareja, seguimos estando solos. Es importante ser consciente de que vamos a seguir sintiéndonos vacíos e inquietos y que tendremos conflictos y dudas… pero el hecho de que haya alguien con nosotros nos lo hace todo más fácil. Hay momentos en los que uno necesita más espacio, libertad o en los que simplemente se tiene un vacío existencial y por mucho que queramos, la otra persona no puede llenarlo. Eso sí, hay que hacerle entender a la pareja que el vacío se vive de forma diferente si está que si no está.

¿Hay que cuidar especialmente la forma en la que cerramos una relación?

Sí, porque que acabe una relación no quiere decir que se ponga fin al vínculo. Si una relación ha sido importante, si ha calado en nuestra vida y hemos establecido un vínculo positivo con esa persona, es difícil olvidarla. Las relaciones es fácil terminarlas: cuando vemos que ya no funcionamos juntos como pareja, lo dejamos. Pero tú y yo hemos compartido un vínculo y eso lo llevamos encima para toda la vida. El vínculo es muy difícil de diluir. Pero también es importante saber que vínculo no es igual a relación.

Dicen que el amor es eterno mientras dura.


Exacto. Si yo estoy con una persona creyendo que eso no va durar o que eso no va a ser eterno, mi actitud y mi predisposición van a ser relativas: nos tomaremos la relación sin compromiso. Hay dos palabras que son clave en una relación: estabilidad y perdurabilidad. Si tengo la sensación de que mi relación no es estable, no tendré confianza en ella. Y, si tengo la sensación de que no va a durar, hay que preguntarse entonces si merece la pena que nos molestemos. Lo ideal es buscar una relación continuada y con perspectiva a que dure. ¿Durará siempre? No lo sabemos, dependerá de las circunstancias. Si no funciona, acabaremos y empezaremos de nuevo, porque siempre es así. Pero no podremos negar que fue eterno mientras duró.

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