dissabte, 13 de novembre de 2010

Entrevista con Paloma Bravo, autora de 'La novia de papá'


Desde que las leyes establecen que una pareja de padres separados pueda compaginar a partes iguales la custodia de sus hijos, se ha creado un nuevo tipo de familias en las que el padre hace en ocasiones de madre, la madre de padre, y la madrastra o el padrastro ejercen su papel como pueden. Este es el argumento de esta divertida novela de Paloma Bravo, La novia de papá, en la que la protagonista sobrevive a una vida de familia que no ha buscado con paciencia e ironía.

"Los padrastros y madrastras estamos en las funciones del colegio, en los médicos, en las noches en vela pero no en las leyes"

Xavier Borrell. Barcelona


Para la novia de un padre con dos hijas debe ser traumático tener que elegir vivir con una nueva familia o perder a su amor.

¡Uf…! Con ese planteamiento la vida parece un drama decimonónico… La verdad es que yo creo que no es difícil elegir cuando no tienes opciones: si estás enamorada de un hombre con dos hijas… ¡te toca tirarte a la piscina! Cuando quieres a alguien, le quieres con todas sus consecuencias. Ahora existen esas fórmulas del LAT (living apart together), pero no son muy prácticas con niños, crisis económica y, simplemente, con las vidas que llevamos.

Ha conseguido que su novela, que trata un tema aparentemente aburrido, resulte más estimulante. ¿Cuál es la fórmula?

Yo creo que la situación no es tanto aburrida como cotidiana. Al final es eso lo que nos marca a todos la felicidad o la infelicidad, cómo es nuestra vida en casa, si hemos dormido bien y de qué humor está nuestro jefe… Lo que pasa es que, literariamente, parece que no está bien visto, que todo tiene que ser más profundo y más denso. Yo creo que no es así, que lo trascendente, lo verdadero, es la vida, y eso nos pasa a todos. Eso lo saben bien los escritores anglosajones: Richard Ford, Raymond Carver, Philip Roth escribían y escriben de gente normal.

¿Y la fórmula?

Igual el truco es esa mezcla de ironía y ternura, no exenta de autocrítica. Es un poco un guiño al lector, atreverse a decir las pullas, las borderías que todos hemos pensado antes de mordernos la lengua. Eso y los capítulos cortos, ágiles, con mucho diálogo y con poca reflexión. El hecho de que la protagonista no piense cómo vivir sino que, simplemente, viva.

¿Es complicado que con las nuevas custodias compartidas tanto la madre como la novia del padre se lleven bien?

Debería ser una asignatura en el colegio. Al fin y al cabo, en el trabajo nos toca currar con gente con la que no iríamos de cañas, y lo hacemos. Esto es lo mismo pero con una motivación aún mayor: que hay unos niños con los que no se puede jugar. Pero en la relación entre la novia y la madre pasa como con las demás: dos no se llevan bien si una no quiere. Aparte de eso, la ex no es siempre la mala y tiene también mucho que decir el padre: si la relación entre los ex es buena, la novia o el novio no tendrán problemas.

Es indudable que para haber escrito esto, has tenido que vivir la experiencia.

La he vivido yo y la he visto a mi alrededor, sí. Pero esto es una novela: el 80% es ficción y, aunque todo el que me conoce intente encontrar parecidos, y los nombres de algunos de mis amigos salgan a modo de homenaje, la única realidad es que yo aprendí a querer a las hijas de mi pareja y ellas a quererme a mí. Nos enamoramos, vaya, y es un amor duradero.

En un momento a Sol (la protagonista) un siemple "gracias" por teléfono de una de las niñas le ayuda a dormir toda la noche. ¿No hay nada cómo la sonrisa de un niño?

Es la sonrisa de un niño y es el amor, en realidad, esa pureza del estar recibiendo porque has sabido dar. Esas “gracias” que le da una de las niñas a Sol significan mucho más, significan “sé que nunca te lo digo, pero sé que estás y que me quieres, sé que te quiero”. Puf… Eso es casi tan bonito como publicar una novela. Y más en un mundo en el que trabajas mil horas y llegas a casa o al hotel lleno de los malos rollos ajenos, como las moquetas de las oficinas que conservan los ácaros y la suciedad de generaciones: al final del día, recibir algo limpio es un lujo.

¿No es muy triste que la ley actual no de ningún derecho a la madrastra para ver a las hijas de mayores ni poder gozar de los privilegios de una madre a efectos legales?

Es triste, sí, pero es difícil de solucionar porque las leyes no valen para todo y las familias son increíblemente complejas. Como siempre, la sociedad va por delante de la legislación y, por lo que he visto, si la madrastra ha querido y quiere a esas niñas, al final las niñas la buscarán y harán lo posible por verla.

¿Es consciente de que puede haber escrito el libro de referencia de una nueva generación de padres separados?

Me encantaría haberlo hecho, me encantaría sacar del armario las dudas, los miedos, las angustias y las risas de los padrastros y madrastras sin fronteras que estamos en las funciones del colegio, en los médicos, en las noches en vela, y no en las leyes. Me encantaría demostrar que existimos, que somos buena gente, que sabemos querer. Pero yo he dado solo una visión y faltan muchas. Muchas visiones, muchas risas, mucho amor y, sobre todo, mucha tolerancia.

Al final del libro uno se queda con la duda de qué tal es su situación particular...

La verdad es que es muy distinta a la de la novela. ¡Y luego la gente no se cree que es ficción! Yo tengo muy buena relación con las hijas de mi pareja, pero… es mi ex pareja. Nos separamos nada más nacer mi hija. He sobrevivido, sobrevivo, estupendamente: tengo una hija maravillosa, mantengo, por supuesto, mis amigos, mi independencia, mi gente, y he ganado también el amor a unas niñas que me quieren. Ahora no soy su madrastra, soy la madre de su hermana. Sin grandes declaraciones, pero con muchas risas, muchas guerras de cosquillas, muchas borderías, nos adoramos. Como en las mejores familias, vaya.

¿Se atreverá con una novela de ficción total?

La verdad es que, salvo en las novelas históricas, a mí me cuesta mucho creer que exista la ficción total. No sé. Quizá hay escritores que escriben porque han leído, pero a mí me gustan más los que escriben porque han vivido. Yo puedo ficcionar sobre lo que siento, pero no puedo escribir sobre algo que desconozco por completo.

Nuestra reseña de la novela



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