divendres, 19 de novembre de 2010

Entrevista con Daniel Glattauer, autor de 'Contra el viento del norte' y 'Cada siete olas'


Imagine que es Emmi Rothner y que quiere dar de baja la suscripción a una revista pero nadie le contesta. Pasan los días, sigue insistiendo pero no obtiene ninguna respuesta. Su enfado va en aumento porque sigue pagando por ese magazine de mala calidad e insiste de nuevo. Y, finalmente, un desconocido llamado Leo Leike le informa de que está escribiéndole a su correo electrónico particular, que se ha equivocado de dirección. El tipo en cuestión le parece misterioso y encantador y empiezan a intercambiar e-mails. La intensidad y la profundidad de éstos aumentan día a día y, de repente, se dan cuenta de que, tras más de 700 mensajes, se han enamorado. El problema es que Emmi está casada y no sabe si merecerá la pena dejarlo todo por un hombre al que realmente no conoce en persona.

Daniel Glattauer escribió una historia de amor inconclusa que encandiló a miles de lectores y ellos mismos han conseguido, a fuerza de insistir, que el autor publique una segunda parte donde por fin podamos averiguar si estos amantes deciden apostar por sus sentimientos y atreverse a estar juntos. Contra el viento del norte (Contra el vent del nord en catalán) y Cada siete olas (Cada set onades) están escritas únicamente mediante e-mails y lo único que tenemos, al igual que los personajes, son palabras mordaces, divertidas, tristes, sinceras, heridas, irónicas, sarcásticas, miedosas. Gracias a éstas podremos conocer la relación de amor (im)posible entre Emmi y Leo, una historia que, en palabras del propio Glattauer, nos habla de la “infinita curiosidad humana”.

"Yo no podría aguantar una relación como la de Emmi y Leo porque soy demasiado impaciente"

Patricia Tena. Barcelona / Foto: Manel Haro ©

Usted no tenía pensado escribir la continuación de Contra el viento del norte y ha confesado que lo ha hecho después de que muchos lectores le escribieran pidiéndole un final.

Es cierto. Mi principal objetivo siempre fue escribir simplemente una novela romántica. Me apetecía hacer algo moderno y muy dinámico y quise comprobar si funcionaba haciéndolo mediante correos electrónicos. ¡Y resultó que sí! Obviamente, la gran duda que tuve siempre era si Emmi y Leo debían conocerse en persona. Siempre me han gustado los finales felices pero pensé que, teniendo en cuenta que ella es una mujer casada, era poco probable que acabaran juntos, así que decidí separarles. Sin embargo, tras su publicación empecé a recibir un auténtico bombardeo de correos electrónicos donde los lectores me pedían, incluso me suplicaban, que escribiera una segunda parte.

Y, finalmente, accedió.

Es que no me pedían sólo una continuación, ¡me exigían, además, que lo hiciese rápido! (risas). Fue en ése momento cuando me planteé la posibilidad de dar continuidad a estos personajes y, como todo parecía encajar, decidí hacerlo.

Precisamente, teniendo en cuenta las altísimas expectativas que los lectores tenían, ¿cuál ha sido el mayor reto al que se ha enfrentado a la hora de escribir Cada siete olas?

Sinceramente, el verdadero miedo lo tuve con Contra el viento del norte, ya que no tenía la certeza de que una novela basada sólo en correos electrónicos despertase el interés de los lectores. Aunque, he escrito unos ocho libros y confieso que siempre me pasa lo mismo: cuando ya tengo escrito la mitad y me acerco a la recta final, me entra una especie de pánico que me hace dudar de si seré capaz de encontrar un final a mi historia. Imagino que es algo que les ocurrirá a otros escritores… yo creo que la solución es encontrar algo, un giro o un personaje, que te guíe. En la primera parte, esta salvación fue la irrupción del marido de Emmi, Bernhard.

Su sensibilidad a la hora de explicarnos esta relación amorosa ha provocado que muchos lectores piensen que usted ha vivido un romance similar.

Lo sé, pero no es así. Nunca he vivido una situación parecida principalmente porque soy una persona muy impaciente y si conociera a alguien interesante, en el cuarto correo electrónico ya estaría presionándole para que nos viéramos en persona (risas). No podría aguantar una relación así, basada sólo en la idealización de unas palabras.

Pero describe estupendamente el torbellino de emociones que viven Leo y Emmi, esos tira y afloja, los quiero pero no puedo… ¡Les ha hecho sufrir mucho!

No percibo su relación como una tortura, ni mucho menos. La verdad es que soy un escritor que exige mucho a sus personajes, pero no los considero meras marionetas que yo dirijo, sino que acaban teniendo vida propia. Así que podríamos decir que son ellos mismos los que actúan de una forma u otra y, en consecuencia, sienten.

Algo que me ha gustado mucho es que los protagonistas nos enseñan de forma sincera sus defectos y eso les hace increíblemente humanos.

Soy periodista y eso me hace escribir de forma muy intuitiva. Tengo la sensación de que conozco muy bien a Emmi. Imagino que muchos lectores pensarán que está inspirada en una mujer en concreto, pero no es así, sino que es la suma de unas 15 o 20 mujeres que conozco muy bien: amigas, compañeras de trabajo, etc. Siempre quise que ella fuera la descarada de la pareja, es irritante y sarcástica, pero también insegura y, por eso mismo, a veces ofensiva. Leo, en cambio, es mucho más reservado y paciente. No me interesaba para nada retratarlo como el típico macho, sino como un hombre con una alta sensibilidad y cierto aire de timidez que sólo deja de lado cuando bebe un poco… algo que a mí también me pasa (risas). Probablemente sea lo único que tengo en común con Leo.

Tengo entendido que recibe constantemente e-mails donde los lectores le explican sus propias vivencias. ¿Cómo se siente cuándo comparten con usted algo tan personal?

Al principio es algo que me sorprendía muchísimo. ¡Parezco un experto en relaciones virtuales! Lo cierto es que es un honor que las personas confíen en mí y me cuenten vivencias muy íntimas, pero creo que muchos lo hacen porque me confunden con Leo. Y, cuando esto ocurre, suelo recordarles de forma muy educada que yo no soy mi personaje. De todas formas, tengo claro que la clave del éxito del libro es precisamente ése, que los lectores se sienten identificados con lo que leen.

¿Contesta a estos correos?

Intento hacerlo. De hecho, una vez escribí a una chica comentándole que su novio me había escrito para que yo la convenciera de que debía volver con él. Ella, que había disfrutado mucho con las dos novelas, me lo agradeció pero me aseguró que él era un cerdo y que no podía perdonarle (risas).

Así que, aunque ya haya acabado la novela, sigue escribiendo e-mails…

Prácticamente me he convertido en un experto (sonríe). Escribir una novela mediante e-mails ha sido un placer. El proceso ha sido algo lento, porque no escribía cada día, sino que entre semana trabajaba como periodista y el fin de semana me ponía con la historia de Emmi y Leo, pero para mí es vital que luego la lectura sea rápida. De hecho, al principio, cada correo contenía la fecha y la hora de envío, pero luego lo eliminé porque al releerlo me di cuenta de que eso rompía el ritmo, porque el lector debía hacer un sobreesfuerzo para recordar a qué hora había sido el anterior… somos incapaces de retener tantos números, así que opté por la fórmula “diez minutos después”, “cuatro días después”, “quince segundos después”, etc. Este método me parece mucho más dinámico.

¿Aún se sorprende de su propio éxito? Por su culpa, muchas mujeres sueñan ahora con conocer a su Leo Leike particular…

¡Cómo me hubiera gustado tener este éxito con las mujeres hace unos años, cuando mi hermano mayor era el que se llevaba siempre el gato al agua! Bromas aparte, por supuesto que aún me sigue sorprendiendo este éxito. En Alemania y en Austria, los libros son de lectura obligatoria en el colegio y me consta que algunos jóvenes lo recomiendan después a sus padres y éstos a los suyos… así que van pasando de generación en generación y la respuesta, casi siempre, es positiva: todos se pueden sentir identificados y, por lo tanto, disfrutar con su lectura. Pero yo nunca soñé con este éxito y la verdad es que no creo que pueda repetirlo.

En estos países existe una obra de teatro basada en sus novelas. ¿Habrá también película?

He tenido ya unas cinco o seis conversaciones con productoras de cine norteamericanas. ¡Incluso han volado desde San Francisco a Viena para verme expresamente! (sonríe). Hay interés en adaptar la historia de Emmi y Leo, pero no lo veo claro. Creo que su estructura es compleja y ahora mismo no sé cómo podrían plasmar una relación basada únicamente en e-mails en una pantalla. Pero si un día viene un productor y me hace una buena propuesta, no tendré problema en vender los derechos. De hecho, la obra de teatro está teniendo muchísimo éxito y se programan tantas funciones que, incluso, se cuenta con actores diferentes. ¡Hay muchos Leos y muchas Emmis, y todos son fantásticos!

La mayoría de sus lectores, insaciables, le piden ahora una tercera parte. ¿Sucumbirá nuevamente a sus peticiones?

Creo que no. Tal y como acaba el tercer libro, veo difícil continuar la historia. Aunque he cogido tanto cariño a Leo y a Emmi que quizá dentro de quince años sienta la necesidad de volver a hablar de ellos y de explicar a los lectores qué es de sus vidas. Pero ahora estoy escribiendo otra novela, de la que aún no puedo desvelar mucho, que también es una historia de amor, pero con un estilo totalmente diferente.

Reseña de Contra el viento del norte (Alfaguara / La Campana)



Reseña de Cada siete olas (Alfaguara / La Campana)



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