dimecres, 24 de novembre de 2010

El Cervantes se rinde por fin a Ana María Matute


"¡Hijos míos, soy feliz!"

Patricia Tena. Barcelona

Con este grito de guerra y la mayor de sus sonrisas se presentaba Ana María Matute ante los medios de comunicación esta tarde tras recibir el Premio Cervantes, un galardón que hasta ahora sólo había recaído en dos mujeres (la española María Zambrano en 1988 y la cubana Dulce María Loynaz en 1992). A pesar de su alegría, la autora de Olvidado Rey Gudú ha explicado que para ella el verdadero reconocimiento viene por parte de los lectores, aunque ha confesado también que no ha podido dormir en toda la noche por los nervios.

Matute ha recordado con cariño y cierta nostalgia sus inicios en el mundo de la escritura, como cuando sus colegas de profesión se empeñaban en incluirla dentro del tremendismo “y yo no sabía a qué se referían” o la sorpresa de la crítica cuando escribió sus primeras novelas: “Se preguntaban cómo una chica tan joven podía describir esos sentimientos y yo siempre contestaba orgullosa que porque los había leído antes en novelas de Dostoievski, Dickens...”. Y es que, además de la escritura, la lectura siempre ha ocupado un lugar importantísimo en su vida: “Como decía Borges, estoy más orgullosa de los libros que he leído que de los que he escrito”. Entre sus autores predilectos se encuentran los clásicos rusos, como Chéjov o incluso algunos escritores de novela negra como Henning Mankell o Dennis Lehane.

La autora catalana espera que se la recuerde por el conjunto de su obra, pero cuando habla de Olvidado Rey Gudú, su admiración no pasa inadvertida: “Es mi obra predilecta”, confiesa Matute que reconoce que su escritura le ayudó a superar una profunda depresión que la mantuvo apartada del panorama literario durante cerca de dos décadas. “La depresión es algo terrible, el médico me dijo que era normal que después de pasar mucho tiempo tragándome sapos al final la vida me pasara factura”. La escritora ha aprovechado la ocasión para agradecer el apoyo de la editora Carmen Balcells, quien prácticamente “me secuestró para que acabara la novela y volviera a ser La Matute”.

La editorial BlackList acaba de reeditar una de sus novelas más duras sobre la Guerra Civil, Luciérnagas, mientras que Destino ha publicado La puerta de la luna, una recopilación de todos sus cuentos. Su título hace alusión a un escondite de su infancia, donde ella se sentaba y se limitaba a escuchar lo que sucedía a su alrededor: “Era un lugar maravilloso, podías ver el mundo como si lo miraras desde la luna, sin necesidad de participar”. La escritora de 85 años ha señalado que todos sus cuentos, desde el primero que escribió hasta el último, contienen su esencia y “hablan mucho del desánimo y de la pérdida, no porque yo sea pesimista, sino porque en la vida se pierden muchas cosas y hay que aprender a aceptarlo”.

Matute se ha despedido asegurando que aún tiene necesidad de escribir y que a principios de año empezará una nueva novela en la que, si bien no tendrá tantos elementos fantásticos como Olvidado Rey Gudú, sí contará con tintes mágicos. Algo inevitable a su parecer porque “la vida también es magia”.