dissabte, 25 de setembre de 2010

'Veinticuatro horas en la vida de una mujer', Stefan Zweig

Veinticuatro horas en la vida de una mujer
Stefan Zweig
Editorial Acantilado
1ª edición, 2006
Traducción: María Daniela Landa
Género: Novela
104 páginas
ISBN: 9788495359391

Hay títulos que, aunque no sean novedades, vale la pena recuperar y, por esa razón, hoy reseñamos una novela que publicó Acantilado en 2006 y que va ya por la 11ª edición, Veinticuatro horas en la vida de una mujer, de Stefan Zweig. En ella, podemos ver la contraposición entre la necesidad de amar y la obligación de guardar las apariencias en una sociedad anclada en adustos valores morales. Pero basta leer el texto de la contraportada para darse cuenta de a lo que uno se enfrenta:

«—¿Usted no encuentra, pues, odioso, despreciable, que una mujer abandone a su marido y a sus hijas para seguir a un hombre cualquiera, del que nada sabe, ni siquiera si es digno de su amor? ¿Puede usted realmente excusar una conducta tan atolondrada y liviana en una mujer que, además, no es ya una jovencita y que siquiera por amor a sus hijas hubiese debido preocuparse de su propia dignidad?».

El efecto de leer a Zweig es engañoso: uno puede tener la sensación de estar leyendo un cuento y tragarse los párrafos sin enterarse. Apenas hay interrupciones, y todo es dominado por la prosa, incluso los diálogos. Las rayas que marcan el inicio de los mismos son la antesala de narraciones más largas, donde uno olvida al narrador y se introduce en la historia. Para ello, el autor utiliza el recurso de las analepsis (retrospecciones) en las que el protagonista toma el relevo del narrador.

Ese efecto tobogán, que precipita al lector hacia el final con impaciencia, es fruto de un estilo depurado, maravilloso. Zweig suprime cualquier atisbo de literatura barroca, de adornación superflua. Los personajes están limitados (casi no hay secundarios) y la historia actúa como un túnel por el que se obliga a pasar al lector a toda velocidad. No hay escape posible. Las características propias de su prosa, sencilla y fluida, dotan a la novela de una gran potencia narrativa. Veinticuatro horas en la vida de una mujer es casi un cuento, una pequeña pieza sumamente aconsejable. Cuando la terminen ustedes de leer, sentirán el placer de haber leído a uno de los grandes.