dimecres, 1 de setembre de 2010

'Cuentos carnívoros', Bernard Quiriny

Cuentos carnívoros
Bernard Quiriny
Editorial: Acantilado
Traducción: Marcelo Cohen
1ª edició, abril 2010
224 páginas

ISBN: 9788492649419

Bernard Quiriny (Bélgica, 1978) escapa de la realidad, la rehuye, pero lo hace de una forma tan consciente que cuesta pensar en su obra como un ejemplo de literatura fantástica. Las historias de Quiriny no hablan de monstruos de seis cabezas, ni de mundos subterráneos. Sí que explican, en cambio, situaciones que difícilmente nos ocurrirían a nosotros. Por eso mismo, por la extrañeza que envuelve a Cuentos carnívoros, es aconsejable leer el libro sin demasiados prejuicios, aceptando el juego que plantea el autor. Una vez se ha entrado en su mundo, todo fluye. Quiriny puede contar la historia más irreal y fantasmagórica, que el lector debe asumirla como propia y llevarla a su terreno.

El primero de los catorce cuentos, Sanguina, marca el tono de toda la obra. La acción transcurre en el restaurante de un hotel, un sitio de paso. De todos los comensales que van entrando y saliendo, uno llama la atención del narrador. Es un hombre silencioso, un tipo corriente que pasa desapercibido. Hasta ahí, todo es normal. Sólo hay un detalle, un gesto, que rompe esa “normalidad”: cada vez que bebe zumo de naranja, antes de cenar, echa unas gotas de sangre en el vaso. Y no es un vampiro, por suerte. De ahí saltamos a la siguiente historia, El episcopado de Argentina, que cuenta cómo es posible estar muerto y vivo a la vez, dando una explicación algo débil.

A partir del tercer cuento, “Qui habet aures...”, el nivel de las historias va en aumento. Quizá, de todos los relatos, éste sea uno de los más interesantes. Renouvier es el protagonista, un hombre que descubre, de repente, que tiene un don: oye los pensamientos de la gente, sólo los que le atañen. Por ejemplo, si un amigo suyo cree que es un tacaño, esa opinión llega a sus oídos y él, rápidamente, se esfuerza por cambiarla. El problema llega cuando oye una voz que no reconoce, una voz suave y agradable. Es una mujer que parece enamorada de él; habrá que descubrir quién es la admiradora secreta…

De romances también habla Mezclas amorosas, otro acierto de Quiriny que sigue las aventuras de un hombre que reparte su agenda de un modo singular: dedica tres días a la familia, tres a las amantes y el domingo, para compensar tanto ajetreo, descansa. Igual de descarado es Bastian Picker, que en El cuaderno descubre que no tiene imaginación, algo imprescindible para terminar la novela que –según dice– lleva años escribiendo. Recuerdos de un asesino a sueldo y Una borrachera perpetua aúnan dramatismo y humor negro, igual que lo hace Cuento carnívoro, la crónica de una muerte extraña y salvaje.

Los personajes de Quiriny están confundidos. No son perdedores, pero tampoco ganadores. Se encuentran en un punto medio, en la frontera que divide lo real y lo irreal. Difícil lugar.

David Muñoz


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A F I N I D A D E S

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