dimarts, 10 d’agost de 2010

'El poder del perro', Don Winslow

El poder del perro
Don Winslow

Editorial: Random House Mondadori
Traducción: Eduardo G. Murillo
Género: Thriller / Policiaca

1ª edición, 2009
10ª edición, abril de 2010

719 páginas
ISBN: 9788439721338


No me extrañaría nada que tras el éxito que está teniendo este libro, algún director de renombre apueste por él. Y digo esto porque El poder del perro se ha convertido en un libro de culto para mucha gente, incluyendo a los agentes españoles dedicados a la lucha contra el narcotráfico y al mismísimo ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, quién quedó atrapado por la trama y a quién le había encantado el libro, aunque, eso sí, avisó que el texto contenía una violencia extremadamente dura.

Estamos en la década de los setenta. El gobierno de los Estados Unidos mantiene una lucha sin cuartel contra el narcotráfico en México. Art Keller, el protagonista de la novela, aunque podríamos decir que ésta es una novela coral en todos sus sentidos, es un joven agente de la DEA, de origen hispano, quién consigue rápidamente objetivos en su carrera: acaba con el patrón local. Un error fatal. El nuevo capo ascendido es Adán Barrera, heredero del imperio, junto a su hermano, el salvaje Raúl.

Durante todo el libro nos encontramos ante la incansable búsqueda de, primero, justicia y, segundo, venganza. Un relato apasionado y apasionante de cómo durante más de tres décadas, dos hombre luchan por lo que creen que es justo. Lo que cuenta Don Winslow (Nueva York, 1953) es la lucha que mantienen los gobiernos, la doble cara que muestran, las falsedades de una sociedad que por un lado se queja y por el otro sigue pidiendo más. Aquí nadie sale bien parado. Ni los gobiernos mexicanos o estadounidenses, ni la DEA, ni el FBI, ni las FARC, ni la CIA, ni todo aquel que trafique con armas, drogas, sexo o vidas en general.

Art Keller acaba entregado a la lucha contra los señores de la droga. Basado en parte en un hecho real, el asesinato del agente encubierto Enrique Kiki Camarena, Winslow expone con una frialdad admirable atroces asesinatos, momentos salvajes, sanguinarios, que harían palidecer, como dice Rodrigo Fresán en su prólogo, al mismísimo Sam Peckinpah.

Seis años tardó Winslow en recopilar la información y escribir esta obra magna. Y se nota. La verosimilitud de la trama es incontestable, sus violentas descargas, casi como machetazos en la yugular, son puñetazos que no sólo escupen odio, sino que todas ellas denuncian algo que aún a día de hoy sigue ocurriendo. Winslow tenía los ingredientes delante de sus narices, así que los cogió, los mezcló, y el resultado es un excelente brebaje, tan amargo como necesario.

Salva G.


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A F I N I D A D E S

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