dijous, 1 de juliol de 2010

'Puedo contar contigo. Correspondencia', Carmen Laforet y Ramón J. Sender

Puedo contar contigo. Correspondencia
Carmen Laforet / Ramón J. Sender

Editorial Destino (edición a cargo de Israel Rolón)
Colección: Imago mundi
1ª edición, 2003
Género: Correspondencia
273 páginas
ISBN: 9788423335145


Israel Rolón, autor de la biografía de Carmen Laforet junto a Anna Caballé, reunió en esta edición de 2003 las cartas que intercambiaron la autora de Nada y Ramón J. Sender. Aunque la primera epístola data de 1947, momento en que Sender lee la novela insignia de Laforet, la correspondencia abarca básicamente diez años: entre 1965 y 1975.

Sender lee Nada -novela ganadora del Premio Nadal- y decide escribir a Laforet para decirle lo satisfecho que había quedado tras la lectura. El autor recibirá respuesta dieciocho años más tarde. En esta primera carta de Laforet le dice que no sabía que él era escritor, justificándose por no haberle respondido antes. A partir de entonces, se inicia la correspondencia entre ambos.

Los temas que tratan los dos autores son básicamente sus problemas personales y los intereses culturales que cada uno tiene puestos en la obra del otro. Las cartas iban acompañadas en muchas ocasiones de obras de ambos escritores -cuando no las enviaba directamente la editorial-, fotografías… Por lo tanto, estamos ante una correspondencia que muestra un intercambio de inquietudes.

El tono que adoptan es de una constante humildad hacia las obras propias y de un elogio desmedido hacia la obra del otro. Así dice Carmen Laforet que Sender es el mejor escritor en lengua española del momento y Sender afirma que Laforet es, no solo mejor que él, sino la mejor. Dejando al margen los piropos que se cruzan, resulta curioso ver reflejados en las cartas algunos momentos importantes en la vida de ambos: Ramón J. Sender se niega a pisar España mientras el Cesarito (Franco) siga en el poder y Carmen Laforet dice que no se pierde nada porque España no le gusta.

En las cartas de la autora se ven los problemas que tiene con el dinero (no gana demasiado con sus escritos) e incluso le cuenta a Sender lo agobiada y necesitada que se siente en algunos momentos. El autor le ofrece impartir clases en un seminario en EEUU, pero Laforet no se decide. Con Sender ocurre lo mismo, siempre está prometiendo ir a España, pero en realidad nunca lleva a cabo ningún viaje.

Resulta interesante ver el lado humano –además del profesional- de estos dos escritores a través de la correspondencia. Algunos temas y vivencias se repiten en las cartas -fruto, lógicamente, de que el emisor no recuerda que aquello ya lo contó en otra misiva-; en otras, sin embargo, hay lagunas que debemos cubrir con un interesante juego de deducción.

Manel Haro



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A F I N I D A D E S

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