divendres, 9 de juliol de 2010

'Descansa en paz', John Ajvide Lindqvist

Descansa en paz
John Ajvide Lindqvist
Editorial: Espasa

Traducción: Gemma Pecharromán
1ª edición, 2010

Género: Novela terror
300 páginas
ISBN: 978-84-670-3126-1


Los zombis fueron mano de obra barata en plantaciones de caña más o menos siniestras, servicio discreto en mansiones expresionistas, revenants putrefactos acicateados por la radiación nuclear, el peligro amarillo, la amenaza comunista, los enigmas de otro mundo. Se levantaron con hambre y, pasito vacilante a pasito vacilante, se acercaron a sus víctimas con el sigilo de su limitación gutural, dispuestos a hincar el diente a cualquier humano vivo que se les cruzase.

Con los años adquirieron velocidad: un buen día los zombis echaron a correr y multiplicaron su voracidad. Y pasaron de la magia al virus para dominar (por un tiempo) un panorama editorial sobresaturado de vampiros. Curiosamente, gracias al éxito vampírico de Déjame entrar podemos leer Descansa en paz. Paradójicamente, las consecuciones del uno resaltan las carencias del otro.

Mientras en su primer libro, Lindqvist supo aprovechar los resquicios olvidados por las hordas de vampiros amorosos, en esta nueva novela el truco le falla. Frente a contingentes hambrientos y resurrecciones masivas y agresivas de cuerpos en diversos estados de descomposición, carentes de alma y de cualquier voluntad ajena a saciar un apetito tan primario como interminable, Lindqvist coloca unos zombis inofensivos sin apenas más amenaza que la de descolocar a los vivos.

En la novela, una extraña oleada de calor y una vibración invisible que aturde considerablemente a los habitantes de la zona de Estocolmo al tiempo que altera la conducta de la electricidad, da paso a un extraño fenómeno: la resurrección de los muertos. Del lado de los difuntos, amantes esposas, queridos abuelos, nietos adorados. Del lado del asombrado ciudadano, jóvenes encerradas en su oscura adolescencia, abuelas con arrebatos religiosos, viejos periodistas divididos entre los hechos y el sentimiento de pérdida, padres y esposos enfrentados a lo impensable. En medio, una serie de circunstancias alteradas se entretejen ante lo que pretende ser un retrato realista de la Suecia moderna, sus contradicciones y absurdos.

Con esto, Lindqvist busca alejarse de la presencia meramente nihilista y antropófaga del zombi moderno para adentrarse en una filosofía que, al menos en este caso, le queda grande al género. Su moralidad y sentimentalismo nos remite más a catastróficas enfermedades que a la resurrección descontrolada de cadáveres salvajes sin cerebro: en Descansa en paz, los muertos no son sólo una amenaza, sino que también son un enigma más allá de la muerte, una reflexión sobre la existencia del alma, la recuperación de nuestros difuntos, amados, conocidos. Ante esto, el alzamiento devasta tanto a muertos como a vivos. Los protagonistas del relato contemplan incrédulos y desarmados emocionalmente la vuelta de sus seres queridos mientras estos, a duras penas, participan de su resurrección.

Así que preguntaos, si la solución no es correr porque no pretenden devorarnos ¿qué hacemos con nuestros zombis? ¿Cómo deberíamos sentirnos ante ellos? Si existiese la posibilidad de que volviese ¿alguien se abrazaría a la tumba de un difunto querido reclamando su regreso? Porque lo que sale de la tumba no es un vampiro angelical, o un zombi clásico, ni siquiera es ya alguien que conozcamos; lo que vuelve de la tumba es el reflejo descompuesto de lo que somos y hasta el ser humano más valiente tiene miedo de sí mismo.

Same Dimanche



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A F I N I D A D E S

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