diumenge, 6 de juny de 2010

Entrevista con Teo Palacios ('Hijos de Heracles')

Teo Palacios (Dos Hermanas, Sevilla, 1970) hace su presentación en el mundo literario con Hijos de Heracles, una novela que nos traslada a la antigua Esparta de hace 2700 años, en un escenario cruento y evocador que se nos hace a ratos desconocido y a ratos demasiado real. La hitoria trata sobre Anaxándridas, hijo del rey Teopompo, nacido bajo el auspicio de Ártemis, sucesor natural al trono de Esparta que, tocado con la desgraciada obsesión de su padre por la “dignidad” de su casta, hace que viva, o mejor dicho muera en vida, buscando durante toda su existencia una aprobación que no llega de parte de su padre. Esto y el ver como al final Teopompo vuelca todas sus expectativas de futuro sobre su hermano Arquidamo, así como otras sucesiones de desdichas familiares en torno a su madre Tira, hará del odio su más preciado reproche y su más codiciada compañera.

M. Villanova. Alicante

Como escritor novel, ¿qué ha supuesto publicar para usted su primera novela con Edhasa y con la calidad con la que se ha hecho?

Ante todo, una gran alegría y una oportunidad para ganar experiencia, aunque también una enorme responsabilidad. Edhasa es una editorial de un prestigio fuera de toda duda, que mima hasta el extremo los libros que decide publicar. He tenido la inmensa suerte de trabajar con profesionales de una gran experiencia y trayectoria en las distintas fases del proceso de edición. Además, pude colaborar activamente en muchos aspectos: mantuvimos varias conversaciones sobre el tono que debería tener la portada del libro, por ejemplo. He de decir que cada vez que me mostraban el resultado de su trabajo, era muy superior a mis expectativas. El resultado final es un libro cuya edición es maravillosa. He disfrutado mucho y aprendido más aún.

En Hijos de Heracles existe una gran fuerza en la personalidad de sus personajes, ¿es más importante para usted, como escritor, la profundidad psicológica de los actores de una novela que la descripción física, por ejemplo, o el adorno puramente literario?

Sí, para mí los personajes son uno de los pilares de toda novela y procuro trabajarlos mucho en sentido moral, psicológico, etc. Por supuesto, la caracterización, el aspecto físico, no puede descuidarse y debe estar en consonancia con el personaje en cuestión. Por poner un ejemplo extremo y un tanto absurdo, no sería coherente que un boxeador de pesos pesados estuviera delgado. Sin embargo, el argumento de una novela no puede reposar sobre el aspecto físico de los personajes (salvo en casos muy concretos, como el hecho de que la protagonista fuera una Top Model). Ese peso debe recaer más bien sobre sus propios dilemas, su moralidad, su forma de ver y vivir la vida. Eso es lo que marcará su actuación a lo largo de la historia y, por tanto, será el canal que desarrollará los distintos argumentos. En esos aspectos es donde procuro prestar más atención a la hora de crear a los personajes de mis historias.

¿Por qué Esparta, y por qué en ese periodo, génesis de la Guerra de Mesenia?

Mi intención era narrar la vida de dos hermanos dentro de un ambiente especialmente rudo y austero. Incluso cruel si era posible. Para eso, nada mejor que ambientar la historia en Esparta, pues es de sobra conocida la idiosincrasia de la antigua ciudad griega. Cuando me documentaba sobre diferentes aspectos de sus leyes, su forma de vida y demás, descubrí ese periodo histórico que resultó ser de lo más interesante: una época en la que hubo multitud de batallas, varias revueltas internas e intentos de sublevación por parte de algunos habitantes de la ciudad; graves problemas sociales, económicos y políticos, e incluso algún regicidio, amén de una reforma profunda de los estamentos políticos y las leyes por las que se regía sus habitantes.

Además, Esparta era de las ciudades importantes de Grecia...

Sí, además, según algunas fuentes históricas, en el seno de la familia protagonista se vivieron momentos de gran tensión debido a las decisiones que como rey tuvo que tomar Teopompo. Para terminar de atraparme, efectivamente fue un momento en el que Esparta se encontraba en la cima de la cultura griega: los mejores poetas, los mejores músicos, habitaban entre sus calles. Sin embargo, decidió dejar atrás todo eso y convertirse en una nación austera y militarizada. Eso me llevó a cuestionarme qué podría haber sucedido para que se tomaran medidas tan drásticas. El resultado es el narrado en la novela. El escenario histórico que se relata en Hijos de Heracles era el sueño de todo escritor, no podía dejarlo pasar.

Supongo que el proceso de documentación para la novela tuvo que ser difícil, ya que me consta que es un período con pocas referencias o estudios, ¿cómo fue este proceso?

La labor de documentación me llevó prácticamente un año y planteó numerosas dificultades. Aspectos tan básicos como la cronología de los hechos era imposible dilucidarla con claridad, pues cada especialista defiende hipótesis distintas. Para complicarlo todo, de la antigua ciudad de Esparta apenas quedan restos, lo que dificulta aún más la labor de los historiadores. Consulté treinta fuentes distintas, incluyendo libros de poesía lírica, artículos de revistas, estudios monográficos y un buen puñado de clásicos griegos, como La República de los Lacedemonios, Historia de Grecia o Vida de Licurgo, entre otros. Pero incluso así había multitud de lagunas, de modo que me puse en contacto con especialistas sobre la Grecia Arcaica a los que les trasladé mis consultas. Me atendieron con la máxima amabilidad durante varios meses y nunca les daré las gracias lo suficiente. De no ser por ellos, esta novela no existiría.

¿Realmente fue tan duro ser niño en aquella época?

Debió de ser terrible ser niño en aquella época, en especial para las primeras generaciones que se enfrentaron a la durísima agogé, el sistema educativo en Esparta que se retrata con precisión en la novela. Todo lo que se narra en Hijos de Heracles con respecto a ello es escrupulosamente cierto. También debió ser terrible para los padres. Los niños pasaban el día prácticamente desnudos, ya fuera invierno o verano, en un clima montañoso en el que según algunos especialistas un occidental moderno moriría en una sola noche sin el equipo adecuado. Su dieta era de pésimo sabor y mucho menos que escasa. Para colmo, sufrían flagelaciones durísimas y frecuentes ante la mejor falta, como el hecho de hablar sin ser preguntados directamente. El niño espartano, a partir de los siete años, era convertido en una auténtica máquina de matar, y para ello debía superar las peores pruebas imaginables. Es sorprendente que aquel pueblo aprobara durante siglos esa situación.

¿Lo veían necesario?

Ellos sí consideraban que todo ese proceso era necesario. Era una nación pequeña en la que había aproximadamente unos nueve mil espartanos de peno derecho en el momento de su máximo apogeo. Ese número reducido debía controlar a una cantidad varias veces superior de esclavos puestos a su servicio, así como proteger su territorio de naciones más numerosas, y en ocasiones mejor armadas, que ellos mismos. El único modo de conseguirlo era convertirse en el guerrero por excelencia. Lograr que la simple visión de las capas espartanas provocara temor en sus enemigos.

Una vez leído el libro queda una sensación extraña, en el conjunto de la obra, y a mí particularmente por el principio de la misma… ¿podría haber un paralelismo, con la salvedad y la distancia que nos separa cultural y temporalmente, entre la sociedad actual y la de la Esparta arcaica?

No he pretendido establecer paralelismos entre aquella época y la nuestra, pero es evidente que los hay. Enlazando con la pregunta anterior, podemos ver que, por desgracia, muchos niños son entrenados en el arte de la guerra en determinadas partes del mundo. Para ello se llevan a cabo acciones de una crueldad sin límites, tal como sucedía en la antigua Esparta. También podemos comprobar que ante situaciones de graves situaciones económicas las crispaciones políticas son inevitables. Todas estas, y otras muchas cuestiones que podríamos señalar, ocurrieron en el pasado, ocurren en la actualidad y seguirán sucediendo en el futuro. Al parecer, el ser humano detuvo su evolución hace mucho, sobre todo en determinados aspectos que más nos valdría haber dejado atrás.

¿Cómo se hace para no caer en la superficialidad y narrar una historia con rigor histórico, que sea amena y divertida, y más teniendo en cuenta las barreras que impone un periodo tan oscuro?

Procurando no perder de vista que lo que se escribe es una novela y no una tesis histórica, aunque se pueden plantear y defender teorías dentro de una novela, e Hijos de Heracles podría ser un buen ejemplo de ello. Escribir una novela histórica es algo parecido al ejercicio de un equilibrista en la cuerda floja: Si la pértiga que le proporciona el equilibrio se inclina demasiado hacia uno de los lados, no importa cuál sea, el resultado será desastroso. Es necesario tener muy presente el contexto histórico: forma de vida, ideología de la época, funcionamiento político y social… También hay que tener muy definidos qué hechos históricos deseamos dejar patentes para que sean un cauce más en la narración. A continuación, debemos entretejer en todo eso nuestra historia, la que, como novelista, deseamos llevar al lector. Si el equilibrio entre estos factores no es el adecuado, la historia narrada no funcionará. Tal vez no sea fácil conseguirlo, pero, desde luego, es apasionante intentarlo.

¿Habrá una segunda parte de Hijos de Heracles?, ¿quizás con Arquidamo…?

Cuando comencé a trabajar en esta novela, me planteé la posibilidad de escribir una serie que estuviera ambientada en ese periodo histórico. Luego, las dificultades fueron tan enormes que aparqué la idea. Pero está aparcada, no descartada por completo. De cualquier modo, aún es pronto para hablar de ello; habrá que comprobar en primer lugar si a los lectores les interesa descubrir nuevos aspectos de ese periodo o qué ocurre con alguno de los personajes. Debo decir que no sois los primeros en pedir una continuación, lo que es una excelente señal. Ideas, desde luego, no me faltan…

2 comentaris:

Sergio G.Ros ha dit...

Genial entrevista, M. _Villanova.
Teo Palacios dará que hablar, seguro.
Un abrazo y felicidades.

M. Villanova ha dit...

Gracias Sergio... Estoy contigo, Teo Palacios dará que hablar... y mucho.
UN abrazo.