dimarts, 15 de juny de 2010

'Educación siberiana', Nikolái Lilin

Educación siberiana
Nikolái Lilin
Traducción: Juan Manuel Salmerón

Editorial Salamandra
1ª edición, mayo de 2010
Género: Novela
347 páginas
ISBN: 978-84-9838-272-3


Que la línea que separa la ficción de la realidad es tan delgada que en cualquier momento se puede traspasar, queda claro en muchos de los libros publicados en esta vida. Pero sin duda, éste debe ser uno de los más ambiguos jamás escritos.

Empecemos por el principio. Nikolái Lilin (Bender, 1980) perteneció a una insólita comunidad de bandidos siberianos: los Urcas. Nacido bajo unas leyes que no reconocen más autoridad que la de sus ancianos y que obliga a sus miembros a respetar un estricto código de conducta, Nikolái pasó su infancia luchando contra bandas de otros barrios, años en cárceles y correccionales de menores. Aquí explica eso. Con todo lujo de detalle. Incluso sus leyes más oscuras. Y saca a la luz la verdadera esencia de los urcas: los tatuajes.

A día de hoy, Nikolái vive en Italia y se gana la vida como tatuador, ¡qué ironía! En realidad lo que él quiere es mantener viva la tradición de los tatuajes siberianos, en los que cada uno de ellos explicaba una parte de la vida del tatuado. Todo esto está muy bien, pero cuando nos adentramos en la historia de Nikolái, cuanto más conocemos sobre él, más nos damos cuenta de que esto no es más que una novela, basada, posiblemente, en algo real. Es tan fina la línea que separa la vida de la ficción, que muchas veces no sabemos dónde acaba una y donde empieza la otra.

Los urcas, pertenecientes a la comunidad siberiana rusa, fueron deportados por Stalin desde Siberia a Transnistria, una larga franja entre Moldavia y Ucrania, aún hoy una tierra de nadie, aunque en 1990 declarase su independencia, ningún estado les reconoce, ciudad asolada por la corrupción, el crimen organizado y el contrabando.

Un total de 347 páginas para conocer la vida y las leyes de estos seres, sus acciones delictivas, desde robos de tiendas a asesinatos indiscriminados
, tanto de bandas rivales como de policías, sus sueños, sus inquietudes, pero que siempre nos queda un pequeño soplo de ficción. Digamos que si nos tomamos el libro como una ficción, nos puede llegar a entretener, pero si nos lo tomamos como en realidad se vende, como algo real, nos aburriremos en muchos momentos. Al fin y al cabo sólo encontramos brutalidad en todo lo que los urcas hacen.

Cuenta Nikolái en alguna que otra entrevista promocional que no pudo contar todo lo que hubiera querido y que en breve aparecerá una segunda parte dónde sí que lo hará. Sinceramente, no espero con muchas ansias ese segundo libro, pero sin duda resultará curioso leer el final de su historia, aunque por momentos llegue a aburrirnos tanta maldad.

Salva G.



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A F I N I D A D E S

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