diumenge, 18 d’octubre de 2009

Entrevista con Pablo Núñez

El escritor lucense Pablo Núñez (1973) puede presumir de ser uno de los escritores gallegos más vendidos en la feria del libro de Lugo, o A Coruña. Con su ópera prima, Las hijas del César (El Andén), ha conseguido, sin querer, lo que muchos otros autores anhelan y buscan constantemente: no pasar desapercibido. El autor es un hombre sereno y de una gran naturalidad, quizás esa sea la clave de la “victoria”, saber ingerir el éxito con la dulce medida de la sencillez.

Texto: M. Villanova

¿Cuál es el género que más se adapta a Las hijas del César?

Desde su publicación, incluso desde antes, he defendido la definición de la novela como “de aventuras”. Para los editores ya no existe este género, por lo cual inmediatamente se encaja como histórica. Pero gran parte de su contenido es ficción, es leyenda, o simplemente el fruto de mi imaginación y de la libertad que ha de tener todo novelista.

¿Cuánto hay de histórico y cuánto de ficticio?

Histórico lo arqueológico, los escenarios, las leyendas que todavía viven hoy, el período en el que se desarrolla la trama. Ficticios los personajes, sus aventuras, sus amores, sus traiciones, incluso su muerte. La aventura recoge ambos géneros porque conscientemente quise que englobase Historia y ficción, me parecía más interesante forjar así mi primera obra.

Cuando empezó a escribir Las hijas del César, ¿llevaba mucho tiempo invertido en investigar para ella?

Aproximadamente tres años, lo que me da juego hacia el futuro. La documentación que obtuve y clasifique entondes es muy extensa y continúo la investigación, no sólo con fines literarios, por interés personal.

¿Qué intención tienen los multiescenarios en su novela? Es notorio, en su caso, que crea una sensación de impaciente tensión, lo que incrementa a su vez las “ganas” de seguir leyendo, pero, ¿cómo se le ocurrió hacerlo de esa manera?

El primer paso para escribir es leer, el multiescenario me apasiona como lector, crea esa tensión y fuerza una ansiedad para que no consigas dejar de pasar las páginas. Si te rindes y las dejas, vuelves a ellas lo más rápido posible.

En la novela se disponen de todos los ingredientes necesarios para atrapar al lector: amor, misterio, lucha, traición… ¿Cómo se hace eso?,… ¿Salgari o Dumas?

Salgari, Dumas y por supuesto Verne, no he sido un niño que perdiese el tiempo, lo aprovechaba leyendo. He leído de todo y a todos los que he podido, cada historia me atrapaba, en cada estilo hallaba una obra maestra. Siempre admiraba al que se enfrenta a un folio en blanco y crea, y sigo admirándolos. Quizá por ellos me apasiona Salgari, parece increíble que en su época, un señor que jamás salió de su pueblo, nos enfrente a los piratas en los idílicos escenarios del Caribe, y en la siguiente obra nos arrastre hacia la selva malaya de la mano de Sandokán.

¿Cómo era el papel de la mujer en la Roma que nos plasma en su libro?

Por desgracia, un papel inexistente, ahí parte la ficción. Premeditadamente quise para ellas ese protagonismo que la realidad les negó, quizá resarcir desde la literatura una injusticia que pesa como una losa hasta nuestros días. La mujer romana, salvo contadas excepciones, era una actriz secundaria, la concubina, la traidora, el as en la manga del padre que quería obtener beneficios. Dicha injusticia me parece demoledora y mis “chicas”, así las llamo con cariño, tendrían el papel principal en lo que yo quería contar al lector.

¿Cómo hizo para mezclar con tanta soltura el mundo romano y el mundo celta sin entrar en la superficialidad?

Quizá por mi cuna, soy gallego, y en estas tierras convivieron las dos culturas, muchas costumbres de hace dos mil años llegan hasta hoy. Romanos y celtas, galaicos o castreños, como queramos llamarles, convivieron, lucharon, se enamoraron, se amaron. Nunca había leído algo así, y me refiero a novela, y decidí escribirlo yo. Quizá por eso resulta natural y no superficial, porque fue así como ocurrió.

Uno de los puntos fuertes de la novela son los personajes. ¿A cuál tiene especial cariño?

Livia, una mujer fuerte, valiente, capaz de asumir labores de estado y de representar o sustituir al emperador en cualquier tipo de misión. Livia lucha, combate al mando de un ejército de hombres, ordena, toma decisiones. Pero también se enamora, es apasionada, dulce. Ese doble papel me ofrecía el personaje que yo quería, la mujer, que sin perder su condición femenina, se abre camino en un mundo de hombres que se lo pone difícil. Y lo hace desde el primer escalón, desde la cúspide del Imperio.

¿Habrá una segunda parte de Las hijas del César?

Sin duda, todas esas horas de investigación ofrecen muchas posibilidades y ya trabajo en ello, aunque mi siguiente novela, que ya he entregado cambie de época histórica.

Lucus Augusti… también era ciudad romana y muy importante, si no recuerdo mal incluso capital imperial. ¿Por qué cree que la mayoría de la gente, incluso gallegos, desconocen que Lugo fue una ciudad tan importante?

Es probable que por falta de difusión. La mayoría conocen la muralla, saben que es romana, incluso Patrimonio de la Humanidad. Pero creo que en los últimos años se ha invertido lo suficiente y los servicios públicos encargados de cultura o turismo están reconduciendo la difusión. De ahí un impresionante aumento de visitantes a la ciudad, que según los estudios y encuestas, sí saben a lo que vienen y sí saben de la importancia de Lucus Augusti. Me llena de orgullo contribuir a la causa, aunque sea como soldado de segunda, con mi granito de arena y desde la literatura.

¿Cuáles son sus libros preferidos y los autores de referencia?

Los autores de siempre: los mencionados antes, Salgari, Dumas, Verne y cualquiera de sus libros. Añadiría a Dafoe, Stevenson, Tolkien y León Tolstoi. Todavía los leo y siempre vuelvo a soñar. Actuales: Tom Clancy encabezaría una lista interminable. ¿Sus libros? Todos, soy un fan incondicional, aunque le guardo un lugar especial a Juego de patriotas. También incluyo a los latinoamericanos, Delibes, García Márquez, Vargas Llosa, Isabel Allende, Carmen Posadas. Son maestros.

Una larga lista entonces...

Y podría seguir. Me gusta mucho Ángela Becerra, sobre todo El penúltimo adiós. Fernando Gamboa, la última que leí Guinea. Todo lo que ha escrito Marta Rivera de la Cruz ocupa un lugar de honor en mi biblioteca, Qué veinte años no es nada, Hotel Almirante, El inventor de historias, La importancia de las cosas y En tiempo de prodigios, con la que obtuvo lugar de honor en el mismo Premio Planeta en el que Las hijas del César también fue finalista.

¿Queda alguno?

Juan Gómez-Jurado, que sin desmerecer sus anteriores Espía de Dios y Contrato con Dios, se ha sacado de la manga una obra maestra con El emblema del traidor, el penúltimo Torrevieja. Magnífica novela. Es difícil escoger cuando leer apasiona tanto, y difícil no dejarse a nadie en el tintero, no sería justo. Creo que lo citado es lo que más me ha calado, diferentes estilos, diferentes épocas. Finalizaría con El comprador de aniversarios de Adolfo García Ortega, aterradora, impresionante, una de las mejores novelas que he leído en mi vida.

¿Para cuándo veremos tu novela en las pantallas?

Trabajan lento pero seguro. Algunos productores que han hablado conmigo son extranjeros, y el interés existe, es firme, pero hasta donde yo sé cada uno de ellos baraja varios posibles proyectos al mismo tiempo hasta que se decantan por uno o varios. La inversión a realizar con Las hijas del César es enorme y el paso del tiempo, lejos de desesperar, ilusiona. Seguiré soñando.

No sé si queda algo en el tintero...

Sólo felicitar a todo vuestro equipo, aunque es complicado os sigo desde la distancia y me parecéis un ejemplo y una brisa de aire fresco y libre en el mundo que nos apasiona a todos, el de los libros. Seguid así.

2 comentaris:

Anònim ha dit...

Pues a mí no me gustó nada el libro. Lo encuentro muy falto de rigor y demasiado espeso en algunos momentos. Te pierdes entre tantos escennarios. Como libro de aventuras no está mal, pero flojo.

Rui

Anònim ha dit...

Es un libro corriente de un escritor mediocre. Por cierto, que alguien le diga a este señor, tan culto él, que Delibes no es un autor latinoamericano