dijous, 24 de setembre de 2009

'Las horas del alma', Ana Cabrera Vivanco

Las horas del alma
Ana Cabrera Vivanco
Editorial Grijalbo
1ª edición, marzo de 2009
Género: Novela
527 Páginas
ISBN: 978-84-253-4304-9

Las horas del alma es una novela de grandes sagas familiares que se entrecruzan en Cuba. Por un lado, la familia Falcón y, por otro, los Monteagudo. Ambas se ven unidas cuando Águeda, la hija de Regino Monteagudo y Pelagia Sánchez se casa con Serafín, el hijo de Rogelio Falcón y Serafina Izquierdo. Aunque Águeda en el fondo está enamorada de Víctor, el hermano de Serafín, será la decisión de Pelagia la que se imponga sobre los sentimientos de su hija.

A partir de este primer matrimonio, el árbol genealógico de los Monteagudo y los Falcón irá creciendo y enredándose creando relaciones y desavenencias mientras, como telón de fondo, van circulando los diferentes jefes del estado cubano (Batista, Castro…). De ese modo, Ana Cabrera Vivanco, a través de la voz de Ángela (hija de Águeda), recrea la historia de Cuba a través de estas dos grandes familias.

Muchas veces las novelas de sagas familiares se parecen entre sí por su estructura y planteamiento: coincide que son familias con bastantes miembros; al principio son clanes muy unidos y con mucho poder pero, poco a poco, se van desmembrando y desmoronando; hay muchos muertos, lo cual supone un golpe de efecto constante al lector; puede que los personajes se confundan y sea necesario recurrir a un esquema del árbol genealógico; la historia que se narra gira en torno a distintas generaciones de esa misma familia y, sobre todo, hay mucho amor y bastante dolor.

En líneas generales, así son las novelas de sagas familiares. El autor que decide escribir este tipo de argumentos se ve obligado a ser original, para que su obra no sea un calco de otras ya escritas. En el caso de Las horas del alma, no podemos negar el enorme parecido que hay con Cien años de soledad, de García Márquez.

Si en la novela del Nobel colombiano tenemos Macondo, en la de Cabrera Vivanco está Río Hondo (Cuba). Si allí teníamos a Úrsula, aquí tenemos a Ángela (y, de paso, a Tomasa, la criada que ve cómo crecen cinco generaciones). En ambas, desde luego, hay determinados personajes marcados por la soledad. También en ambas novelas los muertos parecen despertar de sus tumbas (aunque aquí sean más bien extrañas visiones). Ambas familias están marcadas por el entorno militar (en Cien años de soledad tenemos una guerra civil y en Las horas del alma, el golpe de estado de Castro). Incluso la figura de Melquíades se intuye en la novela de Ana Cabrera como si de un fantasma se tratara.

Por lo tanto es innegable la influencia de Cien años de soledad en Las horas del alma. Quizá algunos lectores y críticos se agarren a este argumento para desmontar la novela, para decir que esta historia ya estaba escrita o para tildar a la autora de pretenciosa. ¿Pero una novela de aventuras no tiene mucho de la Odisea? ¿Las novelas de género histórico no parece que se repitan constantemente? ¿Acaso las novelas de amor actuales no tienen sus raíces en las ya escritas en el siglo XIX?

Un/a autor/a tiene que andar sobrado/a de bravura para plantearse escribir una novela tipo Cien años de soledad y que, encima, le salga redonda. Porque Las horas del alma es una excelente novela con personajes entrañables, con amores amargos, con sangre, con tragedia, con esperanza, pero, sobre todo, está escrita con tanta sobriedad y elegancia que incluso abruma.

Si Ana Cabrera Vivanco hubiese nacido treinta años antes, quizá sería una de las pocas mujeres que hubiesen arrancado con el boom hispanoamericano. Sin embargo, su novela nos llega en 2009, lo que inevitablemente supone que se le busquen referentes. Pero como dice el refrán: más vale tarde que nunca.

Manel Haro