dilluns, 28 de setembre de 2009

Entrevista con Matthew Pearl

Matthew Pearl (Nueva York, 1975) debe mucho a los grandes autores, ya que parece haberse especializado en utilizar a escritores de referencia y convertirlos en personajes de sórdidas tramas repletas de misterio, negocios ocultos y sociedades secretas. Primero fueron El Club Dante y La sombra de Poe, y ahora le toca el turno al padre de Oliver Twist y Grandes Esperanzas con El último Dickens (L'últim Dickens, en catalán). La novela arranca cuando la repentina muerte del escritor provoca que quede inacabado su libro El misterio de Edwin Drood. Cuando James Osgood, el editor de Dickens en EE.UU., comprueba que los editores pirata quieren publicar el libro sin tener los derechos de autor, decide cruzar el océano hasta Inglaterra para recuperar el manuscrito original y averiguar si el escritor dejó alguna pista sobre cómo iba a acabar su historia. Sin embargo, de forma involuntaria, también tendrá que investigar por qué están muriendo varias personas relacionadas con la obra póstuma de Dickens.

El autor es un hombre risueño y agradecido que parece sorprenderse con cada cumplido que recibe, a pesar del éxito que cosecharon sus anteriores novelas. Le preocupa la irrupción del libro electrónico y ansia que, a raíz de El último Dickens, alguna editorial se anime a reeditar El misterio de Edwin Drood en español y que los lectores puedan disfrutar de “la mejor obra de este escritor”. Además, nos muestra en exclusiva los objetos que le acompañaron durante el proceso de creación del libro y que ahora trae consigo durante la promoción: una primera edición de la obra inacabada de Charles Dickens (con fecha de 1870) y una figura que representa al autor británico, que le regaló su mujer como fuente de inspiración.

Patricia Tena. Barcelona (texto y fotografías)

Primero fueron Dante y Poe, y ahora le toca el turno a Dickens. La primera pregunta es casi obligada: ¿por qué decide escribir obras ficticias sobre estos autores?

Yo lo veo como una forma de conocerles. Escribir sobre ellos y convertirles en personajes de mi novela es una forma de revivirles: adoptan una perspectiva tridimensional y dejan de ser nombres abstractos, por muy conocidos que sean. Evidentemente escojo a aquellos autores que más me han marcado como lector. Dickens siempre ha sido uno de mis escritores favoritos y, de un tiempo a esta parte, empecé a tener la necesidad de escribir sobre él. Ahora ha sido el momento perfecto, porque me entusiasmaba poder compartir lo que he descubierto de él con mis lectores. Una de mis metas ha sido mostrar al Dickens más personal: cómo fueron sus relaciones con sus familiares, con sus empleados, etc., y no tanto al Dickens escritor que todos conocemos.

¿El misterio de Edwin Drood era su libro favorito de Charles Dickens?

Le confieso que antes de tener la idea para esta novela, no había leído el libro (risas), pero ahora se ha convertido en mi favorito.

Entonces, ¿cree que gracias a El último Dickens algunos lectores pueden interesarse por la obra del autor inglés? Imagino que, tras El club Dante y La sombra de Poe, más de uno empezó a leer a estos autores.

Lo cierto es que a la hora de plantearme escribir una novela pienso en un público amplio, ya que mi intención es que cualquiera la pueda leer. Sin embargo, si con mi obra puedo inspirar a alguien para que lea a Dickens por primera vez o le animo a releerlo, me sentiré muy agradecido. Para mí sería un estupendo cumplido, aunque mi objetivo principal es explicar una historia y entretener a mis lectores con ella.

Ha declarado que algunos de los datos que presenta son auténticas revelaciones porque hasta ahora eran desconocidos.

Exactamente. Pondré un ejemplo: la mujer que en mi libro está obsesionada con Charles Dickens y que lo persigue por ciudades como Nueva York y Boston existió realmente, lo que ocurre es que esa información desapareció. Yo creo que fue deliberadamente porque pertenecía a una familia muy adinerada. Otro ejemplo es el personaje de Frank Dickens , de quien, a pesar de ser hijo de Charles Dickens, no se sabía casi nada. Después de investigar, comprobé que sí existían documentos que hablaban de su trabajo como policía en Canadá, pero hasta ahora no se había escrito acerca de sus experiencias en la India Colonial, luchando contra el tráfico de opio.

¿Cómo fue la fase de documentación?

La búsqueda ha tenido diferentes niveles. La más obvia ha sido releer todas las novelas de Dickens, su correspondencia, artículos de periódicos, etc. Probablemente el desafío más grande fue saber organizarme (risas). Me ha resultado complicado recordar de manera exacta dónde había leído hace ya un par de años un artículo determinado que me interesaba, buscar en qué revista y en qué número apareció... Por otro lado está la búsqueda detallada, que consiste en pensar y planear los detalles que conforman el carácter de los personajes. Puedo pasarme un buen rato decidiendo qué va a desayunar este personaje, qué ropa le gusta comprar, si practica o no algún deporte…

Entonces, ¿qué le supone mayor reto, escribir sobre un personaje real o partir de cero e inventar uno?

Me parece una excelente pregunta, yo mismo me la planteo constantemente. La verdad es que es un proceso muy diferente. Cuando detrás del personaje hay una persona real, la ventaja es que tienes material para trabajar y, paradójicamente, el mayor inconveniente es que tienes ése material (risas). A veces es complicado porque, por cuestiones de la trama, te interesaría inventar algo, pero nunca hay que olvidar que se está escribiendo sobre una persona que realmente existió y hay que ser respetuoso y fiel en la medida de lo posible. Esto acaba convirtiéndose en un desafío y un reto, y el autor no tiene más remedio que usar los personajes de forma muy distinta.

El protagonista , el señor Osgood, tiene que vivir diversas aventuras para intentar publicar el anhelado libro. ¿En pleno siglo XIX, para ser editor había que ser en cierto modo un héroe?

¡Sin duda alguna! Creo que en siglo XIX se tenía que tener mucha valentía y coraje tanto para ser escritor como para ser editor. Prácticamente era un sector desconocido y predominaba la gente sin escrúpulos. Así que me gusta pensar que en cierta medida, Osgood es una especie de héroe. Además, me gustaría hacer hincapié en que creo que esta es una de las pocas novelas en las que el héroe es un editor, ya que suelen ser los antagonistas (risas).

¿Qué me dice de Rebecca?

Creo que Rebecca es un personaje importantísimo en la trama ya que simboliza a todas las mujeres luchadoras del siglo XIX. En aquella época no era sencillo ser mujer ya que estaban muy limitadas. He disfrutado escribiendo esa historia de amor entre los dos personajes, aunque debo confesarte que en la vida real Osgood encandiló a muchas mujeres pero nunca se llegó a casar. Hay teorías que apuntan a que realmente era homosexual. Son sólo especulaciones y lamento si con esto decepciono a los lectores más románticos (risas). Con Rebecca me ha ocurrido algo gracioso y es que, me ha hecho darme cuenta de que actualmente el sector editorial es claramente femenino. ¡Los departamentos de prensa están capitaneados por mujeres! Y me gusta pensar que, aunque sea en la ficción, mujeres como Rebecca pudieron haber contribuido a que esto fuera posible.

De hecho, al margen del misterio de Edwin Drood, el hilo argumental de su novela se centra en el sector editorial en EE.UU.

Sí. En este sentido he tomado prestado un poco el estilo de Dickens y mi intención ha sido combinar ambas tramas, con el objetivo de crear un universo rico en detalles y en matices. El mundo de la edición en el siglo XIX, salvando las distancias, tiene aspectos comunes con el de hoy día.

¿Lo sigue viendo tan feroz como el que describe?

Creo que, a pesar de que ha mejorado muchísimo, aún debe ponerse al día, especialmente a la hora de proteger el trabajo de los autores. En el siglo XIX la gran pregunta era cómo proteger los derechos del autor y el copyright. Ahora, la gran duda es qué pasa cuando los libros se digitalizan y quién va a ser el encargado de controlarlo.

El hecho de que El misterio de Edwin Drood quedara inacabada por la muerte del autor acrecentó su fama. Las ventas se dispararon porque cada lector quería adivinar un final, también se publicaron secuelas realizadas por otros escritores. ¿Cree que se repetiría este éxito hoy día o que por el contrario el lector actual no aceptaría una novela inconclusa?

Imagino que dependerá del autor. Estoy seguro de que si yo dejo un libro inacabado no le importaría a nadie (risas). Lo que sí es cierto es que hay algo poderoso alrededor de una historia inacabada. Por una parte porque es frustrante quedarte con las ganas de saber más, y por otra, porque da poder al lector, capacitándole para convertirse en autor y adivinar o deducir un buen final. Creo que en el fondo fue maravilloso que El misterio de Edwin Drood quedara inacabado, ya que es una excelente manera de mantener a Charles Dickens vivo.

En El último Dickens, un personaje explica que el momento más terrorífico para un escritor es el momento en el que habla por primera vez con su lector. ¿Comparte esta visión?

Reconozco que aún me parece extraño que gente a la que no conozco lea lo que he escrito. El proceso de creación es algo complejo y profundo y, aunque no escribas sobre ti mismo, en cierto modo es algo muy personal. Yo he tenido que adaptarme y acostumbrarme. Ahora me parece muy gratificante que un autor pueda aportar placer o abrir nuevas perspectivas a personas a las que, probablemente, no conocerá nunca.

Dedica su novela a sus profesores de inglés. Usted también es docente en la universidad. ¿Qué valores intenta trasmitir a sus alumnos de literatura y escritura creativa?

He querido rendirles un pequeño homenaje porque sin los profesores que he tenido a lo largo de mi vida, nunca me hubiera convertido en un apasionado de la literatura. Entiendo que todo estudiante pasa por la época de rechazo hacia el profesor, que está visto como una autoridad. Por suerte, con la madurez alcanzamos otro nivel y abrimos nuestra mente. Lo que yo les digo es que en esta vida no hay nada seguro y que cualquier día un profesor puede hacer que tropieces con un libro que te cambie la vida.

Ha declarado que en su próxima novela no aparecerá ningún célebre escritor, pero sí ha confirmado que tiene en mente escribir dos obras más sobre Dante. ¿Le quedó algo en el tintero después de El Club Dante?

Confieso que cuando acabé de escribirlo estaba harto de él y no quería volver a escuchar su nombre en un buen tiempo. Fue un proceso absorbente porque ¡llevaba tres años y medio pensando en la historia y muchos más documentándome! Estaba saturado. Pero con el paso del tiempo, su imagen ha vuelto a pasearse por mi mente. De todos modos no es algo tan extraño, ya que La Divina Comedia se compone de tres partes: Paraíso, Purgatorio e Infierno. Yo construí un thriller sobre una de las partes, así que aún me quedan las otras dos (risas).

1 comentari:

Anònim ha dit...

felicitats per l'entrevista!
L'illa dels llibres